De acuerdo con un estudio de Datos México, fueron precisamente los números, las matemáticas, los que prendieron las alarmas en el examen de admisión en línea de la UNAM. Las matemáticas no militan, no opinan y no se indignan. Simplemente muestran cuándo algo medible se comporta de forma atípica.
Los datos dejaron de creer en el examen
De acuerdo con un estudio de Datos México, fueron precisamente los números, las matemáticas, los que prendieron las alarmas en el examen de admisión en línea de la UNAM. Las matemáticas no militan, no opinan y no se indignan. Simplemente muestran cuándo algo medible se comporta de forma atípica.
De acuerdo con un estudio de Datos México, fueron precisamente los números, las matemáticas, los que prendieron las alarmas en el examen de admisión en línea de la UNAM. Las matemáticas no militan, no opinan y no se indignan. Simplemente muestran cuándo algo medible se comporta de forma atípica.
La evaluación ya no puede limitarse a aprobar quién contesta mejor las preguntas, habrán de encontrarse nuevas formas para calificar aptitudes.
POR SOLEDAD DURAZO
EMEEQUIS.– Con frialdad los númeroscuentan historias, acercan explicaciones y presentan estadísticas que muchas voces no expresan en voz alta.
Hoy quiero referirme al análisis publicado por Datos México – un observatorio independiente integrado por estudiantes, egresados y colaboradores del ITAM especializados en ciencia de datos, economía y otras disciplinas– sobre lo que ocurrió con el examen de admisión de la UNAM.
El análisis no acusa a nadie, ahí su principal virtud. Tampoco indaga para ubicar a quienes con el apoyo de la inteligencia artificial habrían hecho trampa. El estudio observa resultados y comparándolos con años anteriores no hay estancamiento, no sigue una tendencia, tampoco hay tropiezos sino todo lo contrario: se registra un muy evidente salto “en positivo”.
Tan evidente que obliga a cualquier analista a detenerse a observar. Y en esa observación detectan que los puntajes de ingreso en diferentes carreras aumentan de forma abrupta. Un salto imposible de ignorar porque no se trata de un caso aislado, el patrón se repite.
Y la pregunta obligada después de la observación es: ¿Qué cambió para que se diera este resultado? Y quizá la respuesta más fácil es: La culpa la tiene la inteligencia artificial.
Sin duda es parte de la explicación pero sería muy limitado conformarnos con esa respuesta porque la IA es una herramienta en nuestros días y para el caso que nos ocupa ha quedado en evidencia que el sistema de evaluación no está lo suficientemente blindado o protegido para evitar esa vulnerabilidad.

Pero además hay que agregar cómo se pierde credibilidad en los mecanismos de evaluación a los que por mucho tiempo llegamos considerando que había piso parejo, que un exámen de opción múltiple podía medir el mérito académico. Esto ya no es posible porque basta con tener un dispositivo alterno que en segundos conteste -y lo haga correctamente- por nosotros.
Vuelvo al estudio de Datos México; fueron precisamente los números, las matemáticas, los datos pues, los que prendieron las alarmas.
Y aquí otra virtud: las matemáticas no militan, no opinan y no se indignan. Simplemente muestran cuando algo medible se comporta de forma atípica.
Por eso el documento resulta tan relevante. Nos sitúa en otra discusión. No se trata únicamente de saber quién hizo trampa. Demuestra que el instrumento con el que se intenta medir el conocimiento ya no es eficiente.
¿Qué sigue? Independientemente de las indagatorias que haga y conclusiones a las que llegue el comité de expertos, el acontecimiento obliga a replantear la forma de evaluar ¿Cómo saber quién conoce del tema y quién contesta bien porque domina la herramienta?.
La UNAM es apenas la primera gran universidad mexicana que enfrenta este dilema. Después seguramente vendrán otras. Y la IA seguirá mejorando. Y los candados que se pongan seguirán rompiéndose.
Está claro pues, la evaluación ya no puede limitarse a aprobar quién contesta mejor las preguntas, habrán de encontrarse nuevas formas para calificar aptitudes y permitir ingresos. Chocaron la educación diseñada para el siglo XX y la tecnología que ya es cotidiana en el siglo XXI.
@SoledadDurazo
