La decisión de la jueza Azucena Lazalde Íñiguez de conceder un amparo a Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”, para frenar su extradición a Estados Unidos, se convirtió en un símbolo de resistencia judicial justo cuando México desafía las presiones internacionales por el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. En medio de acusaciones de narcotráfico y homicidio, la resolución refuerza el discurso de soberanía impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien advirtió que el país no aceptará subordinación sin pruebas irrefutables, marcando un punto de inflexión entre la independencia judicial mexicana y las exigencias de Washington
Niños de la pandemia: secuelas emocionales, físicas y cero política pública
Secuelas invisibles: lenguaje, salud mental y socialización marcan a las infancias Covid sin respuesta pública en México.
La decisión de la jueza Azucena Lazalde Íñiguez de conceder un amparo a Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”, para frenar su extradición a Estados Unidos, se convirtió en un símbolo de resistencia judicial justo cuando México desafía las presiones internacionales por el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. En medio de acusaciones de narcotráfico y homicidio, la resolución refuerza el discurso de soberanía impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien advirtió que el país no aceptará subordinación sin pruebas irrefutables, marcando un punto de inflexión entre la independencia judicial mexicana y las exigencias de Washington
EMEEQUIS.- Problemas de lenguaje, socialización, salud mental, sedentarismo y dependencia digital, ese es el perfil de las infancias Covid-19.
Mientras especialistas advierten las secuelas, en México no existe una respuesta pública de escala nacional. Para los menores fue como atravesar una guerra, advierte especialista.
Durante la pandemia se habló de camas de hospital, vacunas, economía, educación a distancia, encierro y reapertura pero no de las infancias y la manera que estaban reaccionando ante la situación. Lo importante era sobrevivir pero nadie volteó a ver las secuelas.
La periodista y tallerista Lariza Montero, autora de Érase una vez una pandemia trabaja en una nueva investigación para seguir la pista de aquellas infancias que retrató en 2020.
Los resultados hasta ahora ponen en evidencia que los efectos del encierro no quedaron atrás, apenas están aflorando.

“Estoy haciendo esta investigación de cómo han evolucionado esos niños y niñas y cuáles son las implicaciones que tienen al día de hoy de eso que vivieron hace seis años”, explica.
Su punto de partida es su propia maternidad y observar a niñas y niños con dificultades para integrarse, frustración elevada, retrasos de lenguaje, problemas sensoriales y ansiedad.
EL PERFIL DE LAS INFANCIAS PANDÉMICAS
Con base en entrevistas a pediatras, psicólogos, fisioterapeutas y expertos en salud infantil, Lariza ha construido un perfil recurrente de las infancias marcadas por el confinamiento.
Se trata de infancias con “bajo tono muscular, con tendencia o predisposición a algún tipo de neurodivergencia o trastorno del desarrollo cognitivo o sensorial. Es un niño sedentario, con adicción a las pantallas”, relata.
La lista sigue: alimentación basada en ultraprocesados, poca tolerancia a la frustración, dificultades para crear vínculos y una socialización cada vez más desplazada al mundo virtual.
“Tengo más amigos en Roblox que en la vida real”, es una frase común de escuchar para los especialistas.
No se trata sólo de hábitos tecnológicos. Montero señala que la pandemia interrumpió procesos básicos del desarrollo infantil: juego libre, movimiento, contacto con otros niños, exposición al entorno, rutinas escolares y aprendizaje presencial.
DEL CUERPO A LA MENTE
Las secuelas no serían únicamente emocionales. Lariza también señala que hoy hay infancias “más enfermizas”, con sistemas inmunológicos debilitados tras años de aislamiento y con mayor propensión a agravar síntomas comunes.
También relaciona brotes recientes de enfermedades prevenibles con la caída en esquemas de vacunación durante la emergencia sanitaria.
En el terreno psicológico, el panorama luce más delicado. Lariza relata que especialistas reportan más casos de ansiedad, depresión e incluso ideas suicidas en menores de entre 10 y 15 años.

“Niños entre 10 y 15 años con depresiones muy fuertes, con ideas suicidas”, afirma.
A ello se suman diagnósticos crecientes de dislexia, discalculia y otros trastornos del aprendizaje. Algunos expertos matizan que parte del aumento puede deberse a mejores detecciones y no necesariamente a una explosión de casos nuevos.
UNA GENERACIÓN CRIADA EN LA CRISIS Y DESPUÉS SOLTADA AL ALGORITMO
Para Montero, el problema no termina en la pandemia. Comienza ahí y se agrava con el contexto de 2026: padres ausentes por jornadas laborales extensas, niñeras digitales, consumo intensivo de redes sociales, publicidad de comida chatarra y exposición temprana a contenidos violentos o misóginos.
“No podemos olvidar el contexto también de la machosfera y de todos sus mensajes dirigidos a un público muy joven”, advierte.
“Es una combinación explosiva… una bomba de tiempo”.
La advertencia conecta con episodios recientes de violencia y deterioro emocional en jóvenes.
EL PRIMER AUSENTE ES EL ESTADO
La crítica más dura apunta a la falta de políticas públicas. Para la escritora, las infancias han sido históricamente invisibilizadas en México y la pandemia sólo profundizó ese patrón.
“No hubo una campaña que les explicara lo que estaba pasando”, señala. Y recuerda una imagen políticamente incómoda de la reapertura: “Primero abrieron los bares antes que las escuelas… primero los antros que los parques públicos”.
Lariza sostiene que hoy tampoco existe una estrategia integral para atender las secuelas: no hay regulación robusta sobre acceso infantil a pantallas, campañas masivas de salud mental ni programas suficientes para recuperar desarrollo socioemocional, actividad física o convivencia comunitaria.
Mientras el país discute elecciones, seguridad o aranceles, una generación entera atraviesa silenciosamente las consecuencias de haber crecido en el mayor encierro infantil de la historia reciente.
“Los niños no son el futuro. Son el presente, y lo que no hagamos va a repercutir en el futuro”.
@MarRome259
