Dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados el pasado 24 de junio sacudieron el norte de Venezuela, dejando hasta el momento un saldo oficial de 188 fallecidos y 1,520 desaparecidos, con especial devastación en el estado de La Guaira. El desastre evidenció la nula cultura preventiva y la falta de preparación del país para este tipo de catástrofes naturales, debido a años de desinversión en infraestructura y la ausencia de protocolos de emergencia y simulacros. Ante el colapso de la electricidad y las telecomunicaciones, que dejó inútiles las líneas de auxilio oficiales, la ciudadanía ha tenido que depender de la solidaridad vecinal y de brigadas voluntarias en motocicletas para rescatar vidas entre los escombros, mientras arriban los equipos de ayuda humanitaria e internacional anunciados por Estados Unidos y México
Venezuela no estaba preparada para un terremoto así: la solidaridad civil se mueve más rápido que el gobierno
Dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados el pasado 24 de junio sacudieron el norte de Venezuela, dejando hasta el momento un saldo oficial de 188 fallecidos y 1,520 desaparecidos, con especial devastación en el estado de La Guaira. El desastre evidenció la nula cultura preventiva y la falta de preparación del país para este tipo de catástrofes naturales, debido a años de desinversión en infraestructura y la ausencia de protocolos de emergencia y simulacros. Ante el colapso de la electricidad y las telecomunicaciones, que dejó inútiles las líneas de auxilio oficiales, la ciudadanía ha tenido que depender de la solidaridad vecinal y de brigadas voluntarias en motocicletas para rescatar vidas entre los escombros, mientras arriban los equipos de ayuda humanitaria e internacional anunciados por Estados Unidos y México
Dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados el pasado 24 de junio sacudieron el norte de Venezuela, dejando hasta el momento un saldo oficial de 188 fallecidos y 1,520 desaparecidos, con especial devastación en el estado de La Guaira. El desastre evidenció la nula cultura preventiva y la falta de preparación del país para este tipo de catástrofes naturales, debido a años de desinversión en infraestructura y la ausencia de protocolos de emergencia y simulacros. Ante el colapso de la electricidad y las telecomunicaciones, que dejó inútiles las líneas de auxilio oficiales, la ciudadanía ha tenido que depender de la solidaridad vecinal y de brigadas voluntarias en motocicletas para rescatar vidas entre los escombros, mientras arriban los equipos de ayuda humanitaria e internacional anunciados por Estados Unidos y México
Por Maricarmen Gutiérrez y Natalia Ortiz (Imágenes Michael García y Ricardo Romero)
EMEEQUIS.– El estruendo duró apenas unos segundos, pero cambió la vida de millones de venezolanos. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados el 24 de junio estremecieron la zona norte del país y dejaron una estela de edificios colapsados, familias separadas, servicios interrumpidos y una población que intenta abrirse paso entre los escombros.
Todo es intermitente, menos la esperanza de salir adelante tras la tragedia. Para los venezolanos, el terremoto fue un hecho inesperado del cual ahora deben levantarse.
Las cifras oficiales continúan actualizándose conforme avanzan las labores de rescate, mientras habitantes dentro y fuera de Venezuela continúan asombrados por lo ocurrido.
En entrevista con EMEEQUIS, Michael García, estudiante universitaria de fisioterapia y residente en Venezuela, relata que la magnitud del desastre supera cualquier experiencia previa. “Tuvimos un terremoto de 7.5 y durante estas últimas horas las réplicas continúan. Mi estado, La Guaira, ha sufrido la mayoría de los daños; hay muchas viviendas y localidades destruidas y una búsqueda constante de sobrevivientes”.
La joven explica que las comunicaciones prácticamente colapsaron. “Estamos completamente incomunicados. No hay señal para llamadas o mensajes. No sabemos realmente qué está pasando porque hasta los medios de comunicación están afectados”, la comunicación es intermitente en el mejor de los casos pero en su mayoría, la Guaira, está desconectada del mundo exterior.
Según su testimonio, la falta de electricidad y telecomunicaciones vuelve inútiles incluso los mecanismos oficiales de auxilio.
“El gobierno dio números para llamadas de emergencia, pero sin señal ni luz las llamadas simplemente no entran. Venezuela está accionando bajo el miedo porque nunca hemos tenido un plan o protocolo para estas ocasiones”.

También hay un plataforma donde se pueden registrar a las personas desaparecidas y aquellas que ya fueron encontradas, sin embargo, la ausencia de internet limita su uso.

“Se perdieron hogares, familias enteras, niños extraviados. Las familias están rotas en lágrimas de dolor” relata Michael y cómo a pesar de todo el dolor por el que están pasando, trabajan en conjunto codo a codo para que las familias se logren reunir, se rescaten la mayor cantidad de vidas posibles y salir de lo que parece ser una pesadilla para el pueblo venezolano.

Michael también denuncia presuntas irregularidades en medio de la tragedia. “En la morgue de La Guaira están pidiendo dinero para entregar los cuerpos de los difuntos a sus familiares”.

UNA PELÍCULA DE TERROR
Otra de las voces consultadas por EMEEQUIS es Pierina, quien se encontraba precisamente en La Guaira cuando comenzó el movimiento telúrico.
“Yo estaba participando en un evento y no entendía qué estaba pasando. Cuando vi a la gente correr empecé a marearme y me di cuenta de que era un temblor. No fue corto, fue grave”.
Al salir hacia las calles, dice, encontró un escenario devastador. “Parecía una película de terror. Edificaciones derribadas, gente corriendo, sangre por todos lados. Fue una locura”.

El trayecto hasta Caracas, que normalmente toma una fracción del tiempo, se convirtió en una odisea. “Hice ocho horas para llegar. Había colapso, gente llorando y corriendo. Todavía lo recuerdo y se me revuelve todo”.
Sin embargo, asegura que la solidaridad ciudadana se ha convertido en el principal sostén de las comunidades. “Nosotros los venezolanos siempre salimos adelante. Aquí estamos organizando centros de acopio, preparando comida y llevando ayuda a La Guaira. Tenemos tristeza y ansiedad, pero nadie se rinde”. A la ciudadanía en general le pide que oren por el pueblo de Venezuela, por lo que aún están atrapados y porque los dirigentes de otros países envíen apoyo lo más pronto posible a la isla.
LA AYUDA LLEGA EN MOTOCICLETAS
Ricardo Romero, también en Venezuela, sostiene que el despliegue gubernamental ha sido amplio y que la sociedad civil ha respondido con una movilización ejemplar.

“Ha habido una actitud cívica muy importante. Mucha gente baja desde Caracas a apoyar. Los voluntarios llegan en motocicletas con herramientas para sacar personas de los escombros, alimentos y agua”.
Respecto a las autoridades, considera que han actuado dentro de sus posibilidades. “El gobierno ha desplegado fuerzas policiales, bomberos, defensa civil, paramédicos, personal universitario y hospitales móviles. Es un operativo sin precedentes en este país”.

Romero reconoce que persisten cortes de electricidad, agua y gas en las zonas más afectadas, particularmente en La Guaira, pero afirma que el resto del país mantiene en gran medida sus servicios. Añade que la cantidad oficial de muertos tiene que ver con los cuerpos ya recuperados pero que con el transcurso del tiempo la cifra tendrá que incrementar.
Actualmente, el gobierno venezolano ha reconocido una cifra de 235 muertos, 4,300 heridos y 157 desaparecidos. Aunque Estados Unidos, mediante Donald Trump ha mencionado que la cifra puede ser mucho mayor.
También defiende que ninguna nación estaría preparada para una catástrofe de semejante magnitud. “Es imposible atender todas las emergencias al mismo tiempo. Ningún país está preparado para una tragedia así”.
NI DE CERCA ESTABAN PREPARADOS
Desde México, pero con profundo conocimiento de la realidad venezolana, Ron Bastidas, otro ciudadano originario de ese país, ofrece una evaluación distinta
“¿Si Venezuela está preparada para este tipo de desastres? Ni de cerca”.
Explica que históricamente el país no enfrenta con frecuencia terremotos devastadores, por lo que la infraestructura y la planeación nunca se desarrollaron para ese escenario.
“No hay volcanes, no hay huracanes y hacía más de cien años que Venezuela no enfrentaba un temblor de esta naturaleza. Ni el presupuesto ni las construcciones están pensadas para algo así”.
Además, contrasta esa realidad con la cultura preventiva existente en México. “En México por lo menos hay simulacros todos los años. En Venezuela no existe una preparación comparable”.
Aun así, confía en la resiliencia de sus compatriotas. “Venezuela va a salir adelante. Los venezolanos siempre encuentran la manera de levantarse”.
Aunque teme que la ayuda que se está enviando al país se convierta en negocio para los sectores políticos, como también ha ocurrido en México. Ron ha estado juntado videos de especialistas en temas de seguridad, principalmente protección civil y primeros auxilios, para distribuirlos en pequeñas cápsulas radiofónicas y así informar a la población sobre posibles riesgos y medidas de seguridad a tomar en cuenta.
Una opinión similar expresa Carlos Piña, también residente en México. “En un principio fue un shock. Los venezolanos no estamos acostumbrados a terremotos y menos tan fuertes”, expresó para EMEEQUIS.
Conforme comenzaron a circular imágenes de los daños, dice, la magnitud de la tragedia se hizo evidente. “Ahora mismo el reto más grande es que lleguen rápidamente equipos de rescate porque por años de desinversión y falta de planificación carecemos de recursos humanos y materiales para atender este tipo de desastres”.
Cuando se le pregunta si el país estaba preparado, responde de manera categórica:
“No. No hay inversión suficiente en Venezuela para la prevención y manejo de desastres naturales”.
Mientras continúan las labores de búsqueda de personas atrapadas bajo los escombros, Estados Unidos anunció el envío de equipos especializados de rescate, recursos médicos y ayuda humanitaria para apoyar a Venezuela. México, mediante la presidenta Sheinbaum ha expresado que también enviará apoyo y posiblemente al grupo rescatista conocido como Topos.
En las calles, sin embargo, la emergencia se vive minuto a minuto. Los testimonios recopilados por EMEEQUIS muestran una realidad cruda: ciudadanos que describen fallas de comunicación, carencias y desesperación; otros que destacan un despliegue gubernamental significativo; y todos coinciden en un punto esencial: la solidaridad entre vecinos se ha convertido en el recurso más inmediato para enfrentar la tragedia.
@_MeDicenGaby_
@MarRome259
