Burocracia, malos tratos, falta de empatía. Juan Antonio, hijo de Conchita, desapareció desde 2016 y las autoridades de Jalisco apenas le van informando resultados, cuando siempre tuvieron los restos.
La Fiscalía de Jalisco tenía muestras desde 2016 para identificar a Juan Antonio: la larga espera de Conchita
Burocracia, malos tratos, falta de empatía. Juan Antonio, hijo de Conchita, desapareció desde 2016 y las autoridades de Jalisco apenas le van informando resultados, cuando siempre tuvieron los restos.
Burocracia, malos tratos, falta de empatía. Juan Antonio, hijo de Conchita, desapareció desde 2016 y las autoridades de Jalisco apenas le van informando resultados, cuando siempre tuvieron los restos.
Una larga y dolorosa espera.
EMEEQUIS.– A Conchita no le entregaron el cuerpo de su hijo Juan Antonio. Ni siquiera un gramo de restos óseos. Ni el retazo de una prenda. Nada. La Fiscalía General del Estado de Jalisco (FGE) le dio una hoja con el dictamen de una confronta genética que presuntamente fue obtenido de sedimentos de ácido hallados en un tambo, hace una década, cuando ocurrió la desaparición. Pero ni el tambo ni los sedimentos se conservan.
Conchita no lo admite. Se reunió con personal del Instituto de Ciencias Forenses de Jalisco (ICFJ) el 11 de mayo, para aclarar dudas. Les dijo, según relata en entrevista con EMEEQUIS: “Lo que yo quiero, es sacar una confronta de donde (ustedes) la sacaron. ¿Y qué cree que me dijeron? ‘No hay nada’. ¿Pero cómo no hay nada? De dónde sacaste ésta confronta, éste documento. Entonces, ¿quiere decir que tú me estás dando este papel y que me dices: este es tu hijo? Yo no estoy conforme, quiero analizar donde tú analizaste (para) realmente estar (convencida) al cien por ciento.. ‘Es que no hay nada’, me dijeron”.
No esperaba eso, después de diez años de recorrer gran parte del país para buscar a Juan Antonio: “Desde que empezó mi lucha de búsqueda, yo iba a Semefo (Servicio Médico Forense) a ver si había algo que hubiera llegado de mi hijo, porque yo lo busqué en anexos, en hospitales, en cárceles… Anduve buscando a mi hijo por cielo mar y tierra. (…) Visité desde el Estado de México para pegar fichas, fuimos a Guanajuato; fui a (Puerto) Vallarta, donde encontramos crematorios, restos humanos; fuimos a Zacatecas, a Colima, a Tepic, o sea he ido varios estados a llevar fichas, a llevar pruebas de ADN”.
Fue el 6 de mayo pasado cuando la FGE le informó finalmente que Juan Antonio siempre estuvo en el Semefo de Jalisco. Aunque, en realidad, sólo estaba el documento sobre evidencias que, confiesa la dependencia, no existe fuera del dictamen.
Conchita no se resigna a este epílogo, después de una década de lidiar con el dolor de la desaparición de Juan Antonio, con las burocracias tan amplias como insuficientes, destinadas a la atención de la desaparición de personas; y con el cáncer que desarrolló, según su oncólogo, como resultado de un hongo que contrajo en un crematorio clandestino donde hurgaba en busca de indicios que lo llevaran al paradero de su hijo.
UNA DÉCADA EN VILO
El 26 de junio de 2016, Juan Antonio, trabajador de la construcción, pintor y maestro de obra, esposo y padre de dos chicos que entonces cursaban la secundaria, salió de su casa y nunca volvió.
A las 72 horas, su madre y su esposa denunciaron la desaparición, plazo que entonces era obligatorio esperar para presentar una denuncia semejante. Por un tiempo. Ambas emprendieron la búsqueda, pero después de un lapso, su esposa tuvo que trabajar para mantener a los hijos, y Conchita continuó la búsqueda:
“Cuando mi hijo desaparece, sus hijos eran menores de edad, ahora ya son mayores. Sale de su casa ya no regresa, y empiezan ahí mis búsquedas, por todas partes. Y hasta ahora, el 8 de mayo, me notifican que había esta confronta de que mi hijo era compatible con las con las pruebas de ADN que habíamos llevado, primero yo, pero en el 2023 sacan prueba de confronta de ADN que nada más era la mía, y ya después, hace como dos años, como el 2024, llevé a mis nietos para que también se hicieran prueba de ADN”.
Fue a partir de esas pruebas que la FGE “ya argumenta que ya la compatibilidad mía con la de mis nietos sale al 99.9 por ciento, de los restos que había en Semefo desde el 2016, cuando mi hijo desaparece”.
Conchita no da crédito a la dilación de los procedimientos: “El 23 de octubre de 2025, como lo dice aquí en el dictamen que me entregaron, pasa a la Fiscalía. Hacía seis meses que había llegado el dictamen de Ciencias Forenses a la Fiscalía, pero la Fiscalía me lo hace saber apenas el 8 de mayo, que mi hijo todo el tiempo estuvo ahí. Ellos (la Fiscalía) ya tenían unos dictámenes desde antes, como para que me lo hayan hecho saber. Aquí no se trabajó, como dicen por ahí, en tiempo y forma. ¿Por qué dejaron pasar tantos años para poder tener un dictamen? ¿Por qué dejaron pasar tantos años de incertidumbre, tanto para la familia como para mí, de andar en búsquedas? ¡Era mi hijo! Y yo como madre, pues me desgastaba en buscarlo por donde fuera, ¡Y hoy resulta esos 10 años mi hijo estuvo en el Semefo! ¡Pues como que no lo puedo creer…!”.

La mamá de José Antonio expone que iba a Semefo con regularidad: “Me presentaban cuerpos, nada relacionado con mi hijo, entonces yo sentía tranquilidad, porque yo decía, pues no es mi hijo, mi hijo no está aquí, mi hijo va a llegar a casa, ¿no? Pero sí, a Ciencias Forenses yo acudí mucho tiempo, hasta el 2019. (Después) yo ya prefería ir a Comisión de Búsqueda, porque yo decía, ‘Me enseñas la fosa fulana’, y ya me la enseñaban. Porque allí en Semefo, pues nada más nos empiezan a enseñar lo que ellos tienen, que a lo mejor serán los mismos (restos), pero allí (en Ciencias Forenses) nos informaban bien de qué fosas nosotros queríamos que nos mostraran los cuerpos que había”.
INVESTIGACIÓN PROPIA
“Cuando yo hice mi denuncia —refiere Conchita— no había avances en la Fiscalía, y empecé a hacer mis búsquedas por mí misma, porque a mí nunca me hicieron ellos una búsqueda, nunca me hicieron pega de fichas, ellos nunca nada. Cuando yo tuve una mesa de trabajo con un MP (agente del Ministerio Público), que (supuestamente) era mí buscador, pues no tenía nada en el expediente. Entonces yo le pegunté: ¿Qué se ha trabajado? Me respondió que había mandado exhortos, me parece que a Zacatecas y a Aguascalientes, y pues que no había nada, ¡que qué les llevaba yo! Siendo que yo era la que había hecho todas esas búsquedas por todos esos lugares, él no tenía nada. Entonces todo lo que se investigaba, lo investigaba yo, y yo iba y se lo llevaba al MP, y así fue durante los 10 años de búsqueda de mi hijo. Porque cuando yo iba, el MP, o no estaba o (el expediente) ya había cambiado de MP…”.
No sabe cuántos agentes del MP asignaron al caos de Juan Antonio en estos años, pero personalmente sólo conoció a dos, con los que tuvo mesas de trabajo, como les llaman a las reuniones de seguimiento entre las autoridades de investigación y los familiares de las víctimas.
“Pero resulta que nosotros queríamos un cateo, porque yo le proporcione mucha información desde agosto del año pasado, y el MP me dijo que se iba a hacer el cateo, pero nunca me llamó, nunca nada, y no se realizó el cateo. Yo no sé de leyes, ni nada, pero (creo que) el juez le debió haber otorgado el cateo donde yo sabía que a lo mejor se habían llevado a mi hijo, y el MP no lo hizo, y lo debió de haber hecho, lo debió ejecutar en tres días y no lo hizo. Cuando yo lo abordo y le digo, “oiga, ¿qué pasó?”, (él me responde), ‘no, señora, no se realizó’. Pues claro que no se realizó porque yo lo estoy viendo”.
“Vamos a ir a hacer una prospección”, repuso el funcionario. Pero Conchita le dijo, a su vez: “Yo no quiero prospección, yo quiero que se haga un cateo”.
Refiere: “Porque yo estuve investigando muchas cosas, todo lo que se investigó, lo investigué yo, no lo hizo el MP. Todas las búsquedas, las hice yo. Porque ni Comisión de Búsqueda. Todo yo lo veía como una madre desesperada por querer encontrar a mi hijo. Porque yo sabía que las dependencias de gobierno no me ayudaban, no me apoyaban. Yo me uní a muchos colectivos con los que anduve en la búsqueda de mi hijo, y Fiscalía y Comisión de Búsqueda, sabían que yo era una madre buscadora, sabían que yo trabajaba en ello, sabían que yo, durante cerca de 10 años, anduve en la búsqueda de mi hijo”.
Por eso la sorpresa cuando le informaron del dictamen: “Yo pienso que todo esto que hicieron conmigo no se vale, porque yo siempre estuve en búsqueda. Había reportajes en los que yo aparecía y los hallazgos que yo encontraba en fosas, con el colectivo, y (sobre) todos los cuerpos que encontrábamos… Buscando por cielo mar y tierra, para que ahora me digan que los restos de mi hijo estuvieron en Semefo todo eses tiempo… ¿Cuántos años tienen que pasar para que salga una confronta? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que den un dictamen a un familiar? Esto no lo puedo creer… Una madre que estuvo en la lucha y en la búsqueda, como para que ahora me den un dictamen en el que me dicen: ‘Aquí estuvo tu hijo desde unos pocos días de que desapareció…’. No lo puedo entender, no lo puedo creer, estoy súper indignada con todo esto”.
EL HONGO Y EL CÁNCER
“Yo enfermé —continúa la madre de Juan Antonio— por un hongo que contraje durante una búsqueda. Fui a una búsqueda a (Puerto) Vallarta, y encontramos unos hornos, encontramos una casa donde para nosotros había como evidencias de que había cuerpos, porque olía muy feo. Las nueve personas que estábamos en ese cuarto escarbando nos contagiamos de ese hongo, y dos fuimos las que nos infectamos de gravedad, porque llegamos hasta a estar en el hospital.
“Yo estuve mes y medio en el hospital, grave, por ese hongo que se llama histoplasmosis (infección causada por la inhalación de esporas del hongo Histoplasma capsulatum) en los pulmones. Obtuve un tratamiento, gracias a Dios salí de esa enfermedad, que aún todavía hace como dos meses me hicieron una tomografía. El oncólogo, pues, preocupado, porque el hongo sigue incrustado en mis pulmones. El año pasado yo empecé a estar mal otra vez, con muchos síntomas raros. La doctora de Atención a Víctimas me derivó al Hospital Civil para que me dieran la atención. Estaba muy preocupada por nuestro problema de ese hongo, adquirido en una búsqueda. Entonces, cuando yo salgo del hospital, pues yo empiezo a estar mal. La doctora me dice, sabe qué Conchita, necesito que vayamos a que vea ese problema que trae… ¿Por qué, le digo, ¿es grave? Me dijo: no le puedo decir, pero necesito que vayamos para que le hagan unos estudios”.
En el Hospital Civil le practicaron una colonoscopia y resultó con cáncer de colon: “Era de operarme de inmediato. Me operan, y el oncólogo me dice que este cáncer de colon era derivado del hongo que yo traía en el pulmón. Me siguen atendiendo”.
EL DICTAMEN
El miércoles 7, Conchita se reunió Blanca Trujillo, vicefiscal Especializada en Atención A Víctimas de la FGE: “Fui y le expuse a la licenciada Blanca mi caso. Yo le dije que no había avances en mi carpeta, que yo quería unos cateos porque yo estaba segura que cuando se llevaron a mi hijo, lo habían llevado ahí, por las investigaciones que yo había hecho. Entonces la licenciada Blanca me apoya, y le dice a su secretario que anotara todos mis datos”.


Conchita prosigue su relato: “Curiosamente, el día miércoles, yo hablo con la licenciada Blanca, y el día jueves a las 8:00 de la noche me habla el MP y me dice: ‘Señora, buenas noches, tenemos, una mesa de trabajo mañana a las 11 horas’. Le pregunté, ¿por qué de la noche a la mañana usted me hace una mesa de trabajo? Él ya tenía todo planeado si mi mesa de trabajo va a ser a las 11:00 y me está citando a las 10:00. Le dije: ‘Pero no importa, si quiere yo pese a las 6:00 de la mañana, yo paso’. Él titubeaba: “Eh, eh, sí señora, aquí la espero. Entonces, en la mañana que yo llego, cuando yo llego, me aborda una persona que yo no conocía, porque yo conozco mucha gente de Fiscalía, por todas las cosas que hemos encontrado, que hemos procesado”.
Conchita detalla el encuentro: “Llega esta persona y me aborda, y me dice:
“¿Señora Belmontes?”
“¿Sí…”
“¿Me permite darle un abrazo?
“Sí, claro”, le dije, pero ahí ya no me estaba cuadrando nada. Le doije entonces:
“Disculpe, ¿quién es usted”.
“Soy la psicóloga fulana… ¿Podemos pasar a mi privado?”
Y entonces ahí ya me pregunta si padecía alguna enfermedad. Pensé, bueno, a lo mejor es su trabajo y ellos trabajan de esa manera. Pero le dije:
“A ver, yo ya no estoy entendiendo nada… Tengo una mesa de trabajo, yo no vine a una consulta médica”.
Ella insistió: ¿Ha tenido alguna enfermedad? Entonces, yo me abrí. Le expliqué: Yo contraje un hongo en una búsqueda, tengo cáncer de colon, ya me operaron, sigo en mis tratamientos…
“¿Padece presión alta o baja?”
Sí, la presión baja, a raíz de todo esto…
Entonces yo, ahí, como que yo ya decía, esto no…
Entonces ya me dice: “Lo que pasa es que salió una confronta (de ADN) que resultó compatible con su hijo”.
“Entonces, ahí, yo ya me bloquee. Dije: ¿cómo? Porque dije, mi hijo ya apareció, y yo no quería encontrarlo de esta manera. Entonces, volteé, y vi que estaba mi asesor jurídico de la SEA, y le pregunté: “¿Es necesario? Yo ya no quiero saber nada, para qué quiero una mesa de trabajo si me estás dando un dictamen de que este es mi hijo… Y me dijo el asesor jurídico, sí, Conchita, porque es parte de (del procedimiento)”.
EL SHOCK
Dice Conchita que confrontó al agente del MP: “No daba la cara. Yo le dije, entonces, ¿quiere decir que el 23 de octubre de 2025 llega a la Fiscalía la confronta, y la Fiscalía tarda seis meses para darme el dictamen de que mi hijo sí estaba en el Semefo desde 2016? Sí, señora… Entonces le dije: ¿pero por qué hizo eso? ¿por qué no lo hizo en tiempo y forma? Yo estaba en shock. Ya después, reaccionando, sí pregunté el por qué Ciencias Forenses da ese dictamen hasta el 23 de octubre de 2025 a fiscalía, y fiscalía lo retiene seis meses.
“No sé de leyes ni soy psicóloga, pero sí entiendo qué es una madre. ¿Por qué (tardaron) tanto tiempo en sacar las confrontas si ellos ya tenían ahí los restos humanos de mi hijo, y apenas me están notificando? Ahí es ya donde digo, pues esto no puede ser y no debe de ser…
“A mi nunca me notificaron nada. Cuando yo hice la denuncia, que en ese entonces, en el 2016, teníamos que esperar 72 horas para poder hacer una denuncia por desaparición. (…) A los dos días yo fui para que me hicieran la prueba de ADN, para que se quedara ahí en (los registros del) Semefo.
“Después yo me hice otra prueba de ADN, ahí mismo, porque me la habían hecho (inicialmente) de saliva, y yo fui a la Colonia Expenal para que me hicieran la prueba de sangre. Cuando se vino lo de los ‘tráileres de la muerte’ (2018), fui de nuevo a La Colonia Expenal, y me hicieron otros análisis de sangre para obtener confrontas. Después me fui a (las instalaciones de) Tlajomulco de Zúñiga a dejar otras pruebas de ADN, porque yo quería que en todas partes salieran (las confrontas). Después vienen, creo que del estado de México, a hacer otras pruebas de ADN para todos los desaparecidos, y yo me presento y me hacen otra. Me hice seis pruebas de ADN para que saliera confronta de todos los cuerpos que Semefo realiza. Nunca salió, a mí nunca me notificaron nada, no supe en qué fecha dieron con que yo era compatible”.
@estedavid
