Sobre el caso Rocha Moya, opina Alberto Capella: "La sensación que empieza a instalarse es profundamente inquietante. La famosa arenga de 'no estás solo' empieza a transformarse peligrosamente en otra mucho más delicada... 'No caigo solo'".
Sinaloa y la captura del poder
Sobre el caso Rocha Moya, opina Alberto Capella: "La sensación que empieza a instalarse es profundamente inquietante. La famosa arenga de 'no estás solo' empieza a transformarse peligrosamente en otra mucho más delicada... 'No caigo solo'".
Sobre el caso Rocha Moya, opina Alberto Capella: "La sensación que empieza a instalarse es profundamente inquietante. La famosa arenga de 'no estás solo' empieza a transformarse peligrosamente en otra mucho más delicada... 'No caigo solo'".
POR ALBERTO CAPELLA (@kpya)
EMEEQUIS.– Hay tragedias políticas que terminan convirtiéndose en radiografías completas de un sistema. Y lo que hoy ocurre en Sinaloa ya dejó de ser solamente el escándalo de un gobernador señalado. Lo que empieza a asomarse es algo mucho más delicado; la posibilidad de haber tenido durante años un modelo de captura integral del poder político, financiero y operativo por parte del crimen organizado.
Mientras el país sigue procesando la dimensión de las imputaciones que cayeron como bomba nuclear sobre Rubén Rocha Moya y su círculo cercano, la gobernadora interina Yeraldine Bonilla Valverde decidió salir a defender al todavía mandatario estatal de una forma tan atropellada que terminó provocando exactamente lo contrario de lo que buscaba. En lugar de lavarle la cara a su patrón político, salpicó de lodo a todo el régimen sin siquiera darse cuenta. Responsabilizar a la Defensa del nombramiento del General Gerardo Mérida Sánchez no fue solamente una mala idea; fue abrir una puerta institucional que conduce mucho más arriba.
Eso, en política, suele ser señal de nerviosismo. Y el nerviosismo casi siempre acarrea descontrol, ausencia de estrategia y decisiones equivocadas. Algo profundamente simbólico es que Rocha Moya logró negociar políticamente en medio de la peor crisis institucional de Sinaloa en décadas, imponiendo como sucesora a quien hoy ocupa interinamente la gubernatura. La misma mujer a quien en otro momento llamó de forma despectiva y misógina “meserita” terminó convertida en su principal escudera política. Eso no habla necesariamente del peso político de Rocha. Lo que parece tener un peso incalculable es el nivel de información que posee y el valor que podría alcanzar su testimonio ante la justicia de Estados Unidos.

Yeraldine Bonilla: el nerviosismo.
Cuando un personaje bajo semejante nivel de presión todavía logra mover piezas, colocar perfiles, generar mensajes políticos y provocar nerviosismo institucional, lo que empieza a percibirse no es fortaleza política tradicional. Es capacidad de daño. Y en esos niveles de poder, la capacidad de daño casi siempre tiene nombre y apellido; información irrefutable.
Claro que Sedena participa en recomendaciones y validaciones de perfiles de seguridad. Así funciona México desde hace muchos años, sobre todo en entidades profundamente golpeadas por la violencia. Sin duda, López Obrador les cargó la mano de manera irresponsable. Pero una cosa es la participación institucional en la recomendación de un titular y otra muy distinta intentar reducir la captura criminal de todo el poder de un estado a un simple nombramiento, por muy impositivo que haya sido.
Eran evidentes las consecuencias de este sometimiento político que sufrió la Defensa durante el sexenio pasado. El General Secretario Luis Cresencio Sandoval terminó muchas veces convertido en operador político de un presidencialismo absoluto donde la obediencia parecía sustituir cualquier margen de autonomía institucional. Aquella sarcástica frase del viejo presidencialismo priista aplica perfectamente.
“¿Qué horas son, Secretario?”
“Las que usted ordene, Presidente.”
Y bajo esa lógica llegaron decisiones que desgastaron severamente a las Fuerzas Armadas. Militares administrando aduanas, puertos, aeropuertos, trenes, obras públicas y tareas masivas de seguridad pública. Todo bajo una narrativa de confianza absoluta que terminó mezclando a la institución militar con el pantano más perverso de la política mexicana.
Y eso es precisamente lo verdaderamente aterrador del caso Sinaloa. Porque cuando uno revisa el perfil y las áreas de control de los diez personajes señalados en esta trama, el mapa deja de verse como un caso aislado y empieza a parecer una estructura completa de captura institucional. Política, dinero, la fuerza del Estado y la procuración de justicia al servicio del crimen.
En el área política aparecen el gobernador, el secretario de Gobierno, el alcalde de Culiacán y el secretario de Finanzas. En el área operativa aparecen los otros seis perfiles ligados a seguridad y procuración de justicia, algunos incluso con décadas de trayectoria dentro del sistema. Allí es donde verdaderamente se cierra el círculo.
¿Cuántos operadores existen debajo de esos diez perfiles? ¿Y cuánta responsabilidad directa o indirecta tienen en los miles de homicidios, desapariciones y delitos graves cometidos durante los últimos años?
Porque ningún sistema de control criminal funciona solamente con diez personas. Funciona con redes completas. Operadores financieros, enlaces políticos, funcionarios administrativos, policías corruptos y estructuras enteras dedicadas a proteger intereses criminales.
Por eso la sensación que empieza a instalarse es profundamente inquietante. La famosa arenga de “no estás solo” empieza a transformarse peligrosamente en otra mucho más delicada.
“No caigo solo.”
@kpya
