El hecho de que el gobierno de Veracruz oculte la declaración patrimonial de Rocío Nahle es una contradicción que revela algo mucho más profundo: la distancia entre el discurso de la rendición de cuentas y la práctica cotidiana del poder. #CuálEsLaHistoria
La opacidad también gobierna
El hecho de que el gobierno de Veracruz oculte la declaración patrimonial de Rocío Nahle es una contradicción que revela algo mucho más profundo: la distancia entre el discurso de la rendición de cuentas y la práctica cotidiana del poder. #CuálEsLaHistoria
El hecho de que el gobierno de Veracruz oculte la declaración patrimonial de Rocío Nahle es una contradicción que revela algo mucho más profundo: la distancia entre el discurso de la rendición de cuentas y la práctica cotidiana del poder. #CuálEsLaHistoria
Veracruz puso bajo candado la declaración patrimonial de Rocío Nahle.
EMEEQUIS.– Hay decisiones de gobierno que duran un sexenio y otras que dejan una cultura política. Clasificar como confidencial la declaración patrimonial de una gobernadora pertenece a la segunda categoría, porque no se trata solamente de un documento oculto; se trata del mensaje que envía el poder cuando decide que la transparencia puede esperar.
Eso acaba de ocurrir en Veracruz.
Aunque Rocío Nahle asegura públicamente que su declaración patrimonial está disponible, una investigación de EMEEQUIS documentó que el propio gobierno estatal respondió, vía transparencia, que la información fue clasificada como confidencial y que no podía entregarse. No es un detalle administrativo. Es una contradicción que revela algo mucho más profundo: la distancia creciente entre el discurso de la rendición de cuentas y la práctica cotidiana del poder.
Resulta paradójico que un movimiento político que llegó prometiendo combatir los privilegios termine convirtiendo la información pública en un bien cada vez más escaso. Porque la declaración patrimonial de un gobernante no existe para satisfacer el morbo ciudadano. Existe para que la sociedad pueda vigilar que quien administra recursos públicos no enriquezca su patrimonio al mismo ritmo que acumula poder.
La transparencia nunca ha sido un acto de buena voluntad. Es un mecanismo de control democrático.
Y, sin embargo, Veracruz parece ir en sentido contrario.
No es la primera vez que Rocío Nahle protagoniza una polémica que termina resolviéndose con una rectificación o una explicación tardía. Hace apenas unas semanas anunció que uno de los salones remodelados del Palacio de Gobierno llevaría el nombre de la primera mujer gobernadora de Veracruz, es decir, ella misma. La reacción pública fue tan inmediata que horas después negó que esa hubiera sido su intención. Primero dijo una cosa; después aseguró que no había dicho lo que todos escuchamos.
Ahora ocurre algo parecido. Primero afirma que su declaración patrimonial está publicada. Después, su propio gobierno responde oficialmente que es confidencial.
El problema ya no es únicamente la contradicción. Es el patrón.
En una democracia madura, las declaraciones patrimoniales de los gobernantes deberían ser la regla, no la excepción. De hecho, durante años fue posible consultar las de presidentes, gobernadores, secretarios de Estado y miles de funcionarios mediante plataformas públicas. Había información reservada, sí, pero también existía un principio básico: el patrimonio de quien ejerce poder debía estar sujeto al escrutinio ciudadano.
Hoy ese principio parece diluirse.
La desaparición del INAI debilitó uno de los pocos contrapesos especializados en garantizar el acceso a la información y, desde entonces, cada vez son más frecuentes los casos en los que la respuesta oficial consiste en reservar, clasificar o simplemente no entregar documentos que antes podían obtenerse con relativa facilidad.
No deja de llamar la atención que la opacidad llegue precisamente cuando más necesaria resulta la transparencia.
Porque Veracruz no atraviesa precisamente un momento de tranquilidad política. La seguridad, las decisiones polémicas de gobierno, el costo de obras públicas y las controversias alrededor de la administración han colocado a la entidad bajo un escrutinio permanente. En ese contexto, ocultar información nunca fortalece la confianza; la debilita.
Hay una frase atribuida al juez estadounidense Louis Brandeis que sigue teniendo vigencia más de un siglo después: “La luz del sol es el mejor desinfectante”.
La transparencia incomoda. A veces exhibe errores. Otras revela excesos. Pero siempre fortalece a las instituciones. La opacidad hace exactamente lo contrario.
Porque cuando un gobierno decide esconder la declaración patrimonial de su gobernadora, el problema ya no es solamente lo que contiene ese documento.
El verdadero problema es todo aquello que la ciudadanía empieza a preguntarse cuando el poder prefiere cerrar las cortinas antes que abrir los archivos.
@Sandra_Romandia
