Estados Unidos tiene a Juan Carlos Valencia como nuevo líder del CJNG tras muerte del “El Mencho”, en reciente actualización de su Guía sobre Terrorismo Internacional. ¿Cómo subió al poder?
El problema es el color del pensamiento
Uno de cada cuatro mexicanos adultos ha experimentado discriminación. Durante el Mundial nos abrazamos con desconocidos, pero cuando termina la fiesta, reaparecen los prejuicios. El verdadero problema nunca ha sido el color de la piel. El problema es el sistema de ideas que todavía nos hace creer que unas personas valen más que otras por su apariencia. Ese es el color del pensamiento que México sigue teniendo pendiente cambiar. ¿Y si empezamos de una vez? La opinión de @SoledadDurazo
Estados Unidos tiene a Juan Carlos Valencia como nuevo líder del CJNG tras muerte del “El Mencho”, en reciente actualización de su Guía sobre Terrorismo Internacional. ¿Cómo subió al poder?
POR SOLEDAD DURAZO
EMEEQUIS.– Todavía envueltos en el ambiente futbolero, cuesta entender que uno de cada cuatro mexicanos adultos haya experimentado discriminación. Durante el Mundial nos abrazamos con desconocidos, celebramos juntos, lloramos las derrotas y nos sentimos parte del mismo país. Pero cuando termina la fiesta, reaparecen los prejuicios, las diferencias y esa necesidad de marcar quién vale más que quién.
La historia puede llevarnos hasta la Conquista para buscar explicaciones, pero cinco siglos después el racismo, el clasismo y la discriminación deberían ser asuntos superados. No lo son. Simplemente aprendimos a disfrazarlos. Basta una discusión de tránsito, una red social o una diferencia de opinión para que salgan a flote.
Y, lejos de disminuir, el problema crece. La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), elaborada por el INEGI, revela que casi una cuarta parte de la población adulta ha sufrido algún acto de discriminación. No se trata de casos aislados; es un fenómeno profundamente arraigado. Las causas más frecuentes de discriminación siguen siendo la apariencia física, la forma de vestir, el peso, la edad, la orientación sexual, la discapacidad y el tono de piel. Es decir, discriminamos por aquello que primero vemos antes de conocer a la persona.
“El problema no es el color de tu piel, es el color de tus pensamientos“, escribió el exfutbolista del América Allan Saint-Maximin al anunciar que abandonaba México después de que sus hijos fueron víctimas de actos de discriminación. La frase resulta demoledora en un país donde la mayoría de la población se reconoce como morena y donde, paradójicamente, persisten estereotipos que siguen asociando el color de la piel con el éxito, la belleza, el poder o la inteligencia.
Los ejemplos abundan. ¿Cómo olvidar a Lady Racista, quien hace apenas unos meses insultó a un policía de tránsito en la colonia Condesa de la Ciudad de México porque intentaba infraccionarla por estacionarse indebidamente? “Odio a los negros como tú”, le gritó la mujer, dejando al descubierto que el verdadero problema nunca fue el color de la piel del agente, sino el color de sus propios pensamientos.
No son hechos aislados. Son distintas expresiones de un mismo fenómeno.
Desde hace años, el actor Tenoch Huerta ha denunciado el racismo estructural que prevalece en la industria del entretenimiento. Más de una vez ha cuestionado por qué a los actores de piel morena casi siempre les asignaban papeles de personas pobres, delincuentes o ignorantes. La respuesta que alguna vez recibió fue brutal en su sencillez: “Porque eres moreno”.
Algo similar ocurrió con Yalitza Aparicio. La maestra rural oaxaqueña, protagonista de Roma y nominada al Óscar, tuvo que soportar una avalancha de ataques racistas, clasistas y misóginos por su origen indígena, su apariencia física y el color de su piel. Paradójicamente, mientras el mundo reconocía su talento, en México muchos pretendían descalificarla por razones que nada tenían que ver con su trabajo.
“Por muchos años nos hemos quedado callados… es momento de hablar, de alzar la voz y de decir: yo también puedo“, dijo en alguna ocasión la actriz y activista.

Yalitza Aparicio.
He citado casos que alcanzaron notoriedad pública porque tuvieron reflectores. Pero por cada historia que se vuelve viral existen miles que permanecen invisibles: personas rechazadas por su apariencia, su discapacidad, su orientación sexual, su forma de hablar, su edad, su origen o su condición económica. Algunas logran sobreponerse; muchas otras terminan aceptando, casi sin darse cuenta, la condena que les impone el prejuicio ajeno.
Me quedo corta al hablar de las múltiples formas que adopta la discriminación. Cada una merece una reflexión propia y seguramente volveré sobre ellas en próximas entregas.
Pero hoy me quedo con una certeza: el verdadero problema nunca ha sido el color de la piel. El problema es el sistema de ideas que todavía nos hace creer que unas personas valen más que otras por su apariencia, su origen o su apellido. Ese es el color del pensamiento que México sigue teniendo pendiente cambiar.
¿Y si empezamos de una vez?
@SoledadDurazo
