Cabello con propósito: cómo combatir el cáncer con pelucas

Detrás de cada peluca donada hay trenzas solidarias y días de trabajo que ayudan a mujeres con cáncer a recuperar confianza y bienestar emocional.

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Hace 20 minutos

EMEEQUIS.– Cuando mi mamá enfermó de cáncer, una de las cosas más fuertes de afrontar fue ver cómo la rapaban. Dejarla sin cabello era un recordatorio firme de lo que estábamos pasando, la enfermedad, el desgaste, y el dolor físico y mental. 

 Las doctoras y enfermeras decían que era lo mejor: que era menos traumático cortarlo de una vez y no ver cómo, poco a poco, con las quimioterapias se caía. 

Sebastián me contó algo parecido. Su mamá enfermó y, antes de que el cabello comenzará a caer a mechones, fue su papá quien en casa le cortó el cabello a su esposa. Él recuerda cómo su padre contenía lágrimas mientras se adelantaba a la quimioterapia y la cabellera de su esposa terminaba en el piso. Por esas fechas también vi a Sebastián rapado.

Después del diagnóstico mi mamá no tardó en empezar el tratamiento. Durante las quimioterapias no quería salir de casa. Le daba pena que la vieran sin cabello. Usaba gorras, mascadas, sombreros, pero no se sentía igual. Si tenía que salir pedía que la acompañaramos, salir sola era complicado. Aun así, se sentía observada. Y lo era.

La recuerdo regresar llorando porque cuando fue a dejar a una de mis hermanas a la escuela, o cuando salió al mercado o a comprar pan, se sintió observada, vigilada, aislada. Lo primero que las personas veían sin discreción era la ausencia de cabello, la “gorrita” o mascada que usaba. 

Esto pese a que el cáncer es tristemente una enfermedad cada vez más común, sobre todo entre mujeres. El Inegi en su último reporte menciona que en 2024 hubo

  57 mil  019  egresos hospitalarios que  tuvieron como diagnóstico algún tumor maligno; de estos, 57.9 % correspondió a mujeres y 42.1 %, a hombres. 

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En el área de oncología del Hospital General Eduardo Liceaga, a mediados del tratamiento, llegó una fundación a regalar pelucas. Parecía un salón de belleza que atendía a diez, quizá 15, mujeres al mismo tiempo. Había murmullos. Las mujeres  ahí presentes no evitaban el espejo: se miraban, hablaban con quienes las atendían y pedían probarse diferentes pelucas. Mi mamá optó por una de cabello negro, negro como el suyo, el original. 

Facebook: Oncoayuda

Pregunté si estaban hechas con cabello natural. Me explicaron que para donar se necesitaba hacer una trenza que, de liga a liga, midiera entre 25 y 30 centímetros. La primera trenza que me corté midió más de 30 centímetros. Tres años después, la segunda midió 27. Oncoayuda, otra fundación, las recibió este 28 de febrero. 

ONCOAYUDA  LAS PELUCAS ONCOLÓGICAS NO EXISTEN ¿ENTONCES PARA QUÉ DONO? 

Elizabeth Lavín es la presidenta y fundadora de Oncoayuda, asociación dedicada a la educación sobre el cáncer y el proceso que implica atravesar la enfermedad, además de brindar soporte emocional a pacientes y familiares. El proyecto Belleza con Causa reúne trenzas y recursos económicos para mandar a fabricar pelucas que después son donadas.

El proyecto lleva diez años donando más de mil 100 pelucas. Las colectas se realizan cada dos o tres meses. Cada peluca requiere alrededor de 600 gramos de cabello, el equivalente a cuatro o seis trenzas, dependiendo del grosor, además fabricar cada una cuesta 3 mil 500 pesos.

Facebook: Oncoayuda

Elizabeth me cuenta que el concepto de “peluca oncológica” no existe.”Una peluca es un accesorio de belleza que cualquier persona puede usar. Solo que algunas empresas le ponen ese nombre y las venden hasta en 20 mil pesos”.

El cabello al llegar a los talleres es clasificado, cada peluca debe de realizarse con material sino idéntico, parecido. Cada gramo es lavado, desinfectado y peinado para luego pasar a ser tejido en una especie de hilo donde queda colgado en forma de cortina, el hilo pasa por dos máquinas que deben hacer un trabajo cuidadoso para que el resultado sea lo más real posible. 

Cuando las tiras de hilo quedan listas son cosidas al gorro, red,  que funcionará como sostén de la peluca. En la fabricación se agregan manualmente cabellos al gorro, como si se estuviera tejiendo, posterior, se pasa a hacer el corte deseado y a retirar los excesos de la red. Cada peluca puede tardar hasta 5 días en su fabricación, explica Elisabeth. 

Lavín recuerda que alrededor de 15 días después de iniciar las quimioterapias comienza la caída del cabello. “Cuando se te cae el cabello es un impacto físico y emocional durísimo. Hay mucha gente que ya no quiere salir. El autoestima baja. No quieres que te vean las amigas, la pareja, la familia. Verte en el espejo sin cabello hace que te caiga el veinte de que estás enferma, de que estás pasando por cáncer. Y, lamentablemente, hay discriminación”.

Elizabeth fue diagnosticada con cáncer de mama hace 19 años. Afortunadamente fue detectado a tiempo. Después de su remisión comenzó a trabajar en fundaciones hasta que decidió crear la suya. Es falso que el cabello con canas o teñido no sirva. Se utiliza para dar mayor realismo: mechones, efectos de canas, detalles que las hacen ver naturales, menciona.

“ESPERO QUE SEAN MUY FELICES CON MI CABELLO”

Este 28 de febrero llegaron 627 trenzas donadas. Entre ellas, muchas de niñas y niños que, apoyados por sus madres y padres, decidieron cortar y entregar su cabello.

Victoria, de 8 años, y Valentina, de 5, llevaron sus trenzas y sus padres un donativo en efectivo. “Quería que las que están enfermas tuvieran cabello. Estoy muy feliz por hacerlo”, dijo Victoria. 

A la izquierda Victoria, a la derecha Valentina 

Valentina donó su cabello “para que hagan una peluca (…) espero que sean muy felices con mi cabello”. Ambas se ven felices y tranquilas. Después de entregar sus trenzas se quedan quietas observando como en la mesa de al lado hay dos mujeres sin cabello, eligiendo alguna de las pelucas que se encuentran en la mesa. Cuando por fin han elegido una, los presentes les aplauden. 

Itzel llegó con sus dos hijos a entregar cuatro trenzas, todas mayores a 25 centímetros. Una es suya; otra, de su hija de 8 años; la tercera, de una vecina que supo que donarían; la última se las dio el chico de la estética donde se cortaron el cabello. “Ya tenía tiempo que quería donar mi cabello, pero no sabíamos dónde llevarlo. En otra fundación nos pedían casi 3 mil 500 pesos para poder donarlo y era mucho”.

Itzel y familia donando su cabello 

Dice que lo hace porque no sabe cuándo uno puede estar en esa condición. Se le corta la voz al recordar que su abuelo falleció de cáncer en diciembre. “Eso hizo que me animara a tomar la decisión. Aunque era hombre (y no usaría una peluca), no deja de ser una enfermedad muy triste”.

El Inegi reportó que durante el 2024,  los tumores malignos de mama fueron la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres de 60 años y más (51.9 fallecidas por cada 100 mil habitantes) y en los hombres de la misma edad, fueron los de próstata (tasa de 97.9). 

Eridan, de 8 años, también llegó con su madre. Ella le explicó que además de cortarse el cabello podría donarlo. Quería conocer el lugar, ver a las personas que lo necesitan. Cree que su cabello puede hacer feliz a alguien y asegura que volvería a donar, quizá no entiende por lo que están pasando las mujeres que padecen cáncer pero sabe que puede hacer feliz a alguien.  

Eridan y su madre 

Aunque el flujo de personas disminuye por momentos, siguen llegando trenzas. También mujeres que vienen a recoger alguna de las pelucas disponibles. Entre las beneficiarias está Elizabeth, de 51 años, quien recibió una de las 30 pelucas que fueron donadas. Ella afronta el cáncer de mama con metástasis en los pulmones. “Aunque es algo exterior, nos sirve para el interior”. Cuenta que es difícil: 

“Le decía a mi esposo y a mi hijo que no me reconozco, pero algo tan pequeño que traes por fuera te sirve para el alma. La gorrita también te cansa. Dices: ya no soy yo. Quise una peluca corta para poder quitarla y ponerla y traerla la mayor parte del día”.

Elisabeth y su familia 

PORQUE ASÍ DEBE DE SER 

Socorro, de 70 años, donó en octubre “por la causa, porque así debe de ser”. Su mamá murió de cáncer. Este 28 de febrero regresó con su nieta Marisol, de 14 años. La familia entregó una nueva trenza esperando que sirva para otra peluca y aseguran que en unos meses entregarán otra, de una nieta más. 

A la Izquierda Mariana y a la derecha Socorro 

En 2024 la Ciudad de México registró la mayor proporción de egresos hospitalarios por tumor maligno (18.9 %), seguida por Nuevo León (9.0 %) y Jalisco (8.5 %), mientras que las menores correspondieron a Campeche y Nayarit (cada una con 0.3 %) y Tlaxcala (0.4 %).

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Leo llegó con su padre, Luis Mario, de 37 años. Con la voz entrecortada, Luis cuenta que hace 13 años perdió a su mamá por cáncer. Durante la pandemia dejó crecer su cabello y decidió donarlo. Es la segunda vez que lo hace. “Cuando ella empezó a perder su cabello, mi forma de apoyarla fue raparme. Después, en su décimo aniversario, que coincidió con la pandemia, decidí dejarlo crecer. Me gustó cómo se veía y pensé: esto puede servir para ayudar a alguien, que, como mi mamá lo necesitaba”.

Corina Ramírez también donó. Para ella, “si podemos aportar aunque sea el cabello, lo hacemos con mucho cariño. El cáncer sé que es difícil”. Mientras lo dice, inevitablemente se le quiebra la voz. Marcos dice que es mejor donarlo que simplemente cortarlo y tirarlo; sabe que hará feliz a alguien.

Mi mamá es sobreviviente de cáncer. Han pasado más de diez años. La peluca está guardada. Y cada vez que alguna conocida enferma, mi madre la saca, la peina y la presta con una única condición: que la regresen cuando alguien más la necesite.

Años costó entender que no era una enfermedad contagiosa, que no merecía ser relegada  ni señalada y esa peluca, aunque no era parte del tratamiento para combatir el cáncer, sí le permitió tener más seguridad, mejor autoestima e independencia. 

@MarRome259



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