Autoridades de Puebla señalan que el ataque fue planeado desde hace un mes, sin embargo, familiares indican que los jóvenes muertos y heridos no tienen nada que ver con el crimen organizado. Empleados del bar señalan que los sicarios se pudieron haber equivocado de Mercedes Benz.
Avioneta con coca: Bukele corrige a Harfuch y deja sin argumentos a Sheinbaum
Claudia Sheinbaum dio por cerrado el debate con Nayib Bukele al declarar que “no vamos a polemizar con el presidente de El Salvador”. En los hechos, la postura marcó una derrota de la narrativa de Omar García Harfuch ante Bukele sobre la avioneta con coca.
Autoridades de Puebla señalan que el ataque fue planeado desde hace un mes, sin embargo, familiares indican que los jóvenes muertos y heridos no tienen nada que ver con el crimen organizado. Empleados del bar señalan que los sicarios se pudieron haber equivocado de Mercedes Benz.
Se equivocó García Harfuch y su aclaración no fue suficiente para Bukele.
EMEEQUIS.– La polémica desatada por el decomiso de una narcoavioneta en Colima, y la disputa pública entre el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, terminó con un gesto político que, en los hechos, selló la derrota narrativa del gobierno mexicano.
Este jueves 10 de julio, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por el silencio estratégico: “Ya lo aclaró el secretario, no hay que hacer un tema político. No vamos a polemizar con el presidente de El Salvador, porque además nunca hubo mala fe, sencillamente se aclaró el punto”, declaró de manera escueta, cortando cualquier posibilidad de continuar la defensa de la versión inicial dada por Harfuch.
UN DEBATE INCÓMODO QUE INCOMODÓ HASTA ARRIBA
Todo comenzó el 8 de julio, cuando Harfuch aseguró en conferencia que una avioneta con más de 427 kilos de cocaína “procedía de El Salvador”. Bukele reaccionó de inmediato, calificando la afirmación como “FALSA”, y aportando evidencia satelital, mapas de trayectoria aérea y respaldo de Costa Rica y del Comando Conjunto de Estados Unidos en Key West, que demostraban que la aeronave nunca sobrevoló espacio aéreo salvadoreño.
La disputa escaló rápidamente al plano diplomático: Bukele llamó a consultas a su embajadora en México y pidió una rectificación pública inmediata. Harfuch, al verse rebasado por la documentación, matizó sus palabras en redes sociales, asegurando que nunca acusó a ciudadanos salvadoreños y que la avioneta fue detectada “a 200 km al sur de San Salvador”, no necesariamente procedente de ese país.
CUANDO RECTIFICAR NO BASTA
La corrección de Harfuch no detuvo la presión. Las declaraciones de Bukele fueron amplificadas por medios internacionales y mostraron a un gobierno salvadoreño firme, con respaldo documental, mientras el gobierno mexicano evitó confrontar los hechos técnicos y optó por cerrar el capítulo sin contradecir a su contraparte.
En ese contexto, la frase de Sheinbaum terminó por sellar la derrota diplomática: al evitar entrar al debate, dio por válida la versión de Bukele, incluso cuando no lo dijo expresamente. En el lenguaje político internacional, el que calla, otorga.
En una segunda aclaración, Bukele conmina a García Harfuch a precisar que El Salvador no tiene nada que ver con el vuelo.
“Señor Secretario, con todo respeto, la información que usted comparte está vez, si bien es real, omite señalar que no existe ningún indicio de que la aeronave proviniera de El Salvador. Por el contrario, no se trataba de una aeronave salvadoreña ni contaba con tripulación salvadoreña.
“Podemos concederle el beneficio de la duda y entender que lo expresado en la conferencia de prensa pudo haber sido un malentendido, pero esperamos una aclaración más precisa”.
¿QUIÉN GANÓ?
En el terreno de la opinión pública, Bukele salió fortalecido. Logró defender la imagen de su país, colocarse como un jefe de Estado que no permite señalamientos sin pruebas y demostrar que su narrativa está respaldada por datos verificables. Del otro lado, México terminó desdiciéndose, sin confrontar técnicamente los argumentos, y con una presidenta que, al no respaldar con firmeza a su secretario, dejó entrever una postura institucional de repliegue.
@emeequis

