La pregunta no es si los tribunales usarán IA. Ya la usan. La pregunta es si lo harán con transparencia o a espaldas de quienes acuden a ellos en busca de justicia. La opinión de CLARISSA VENEROSO.
Transparencia algorítmica: lo que la IA le debe a la justicia
La pregunta no es si los tribunales usarán IA. Ya la usan. La pregunta es si lo harán con transparencia o a espaldas de quienes acuden a ellos en busca de justicia. La opinión de CLARISSA VENEROSO.
La pregunta no es si los tribunales usarán IA. Ya la usan. La pregunta es si lo harán con transparencia o a espaldas de quienes acuden a ellos en busca de justicia. La opinión de CLARISSA VENEROSO.
POR CLARISSA VENEROSO SEGURA
EMEEQUIS.– La justicia no vive al margen de su tiempo. Y, en este tiempo, la inteligencia artificial está redefiniendo la forma en que se toman decisiones que afectan derechos, libertades y vidas. La pregunta no es si los tribunales usarán IA. Ya la usan. La pregunta es si lo harán con transparencia o a espaldas de quienes acuden a ellos en busca de justicia.
Solemos asociar la IA judicial con sus beneficios: eficiencia, reducción de tiempos y acceso digital. Pero esa narrativa omite los riesgos. La falta de transparencia, la pérdida de privacidad, el uso irresponsable y la desinformación no son efectos colaterales menores; son amenazas directas a la legitimidad del sistema. Más grave aún, los algoritmos no son neutrales. Reflejan las decisiones —y los sesgos— de quienes los diseñan. Un sistema entrenado con datos sesgados puede discriminar con la misma frialdad con la que resuelve.
Esto no es especulación. Es el diagnóstico que llevó a la UNESCO a publicar, en 2026, sus Directrices para el uso de sistemas de IA en Cortes y Tribunales. Quince principios de aplicación universal que abarcan desde la protección de derechos humanos hasta la gobernanza multifactorial, pasando por la explicabilidad, la auditabilidad y la rendición de cuentas.

Dos de esos principios merecen atención especial. El primero es la explicabilidad. Los tribunales deben hacer comprensibles y rastreables los razonamientos de los sistemas que utilizan, especialmente para las partes en juicio. No basta con que el algoritmo funcione; debe poder explicarse por qué resolvió lo que resolvió. El segundo es la proactividad. El tribunal debe informar cuándo usa IA, cómo la usa y de qué manera eso puede afectar a las personas involucradas. Los materiales generados con IA deben identificarse como tales. De lo contrario, la opacidad termina convirtiéndose en un problema institucional.
En México, donde la confianza en las instituciones judiciales es un bien escaso y difícil de construir, estas exigencias no son un lujo académico. Son una condición mínima. Adoptar herramientas de IA sin transparencia no es modernización; es sustituir una caja negra por otra.
El uso de la IA en la justicia puede representar una oportunidad real. Pero esa oportunidad se pierde en el momento en que se renuncia a rendir cuentas. No hay legitimidad algorítmica sin apertura. Y sin legitimidad, no hay justicia.
