Efecto etiquetado. La dieta del futuro no incluye ultraprocesados

México consume más de 200 kilos de ultraprocesados por persona al año, lo que genera una oleada de enfermedades asociadas con la alimentación: diabetes, sobrepeso, obesidad. ARTÍCULO DE JOSÉ LUIS CHICOMA.

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04 DE MARZO DE 2020
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EMEEQUIS.– La dieta del futuro tiene muy poca carne roja, algo de pollo, un poco más de pescado, y muchos vegetales, frutas y nueces. ¿Saben que no tiene? Ultraprocesados. Necesitamos una dieta que salve al planeta y no enferme nuestros cuerpos. Lograr este doble objetivo, y de manera muy acelerada, es uno de los mayores retos que ha enfrentado la humanidad. 

¿Cómo vamos avanzando para lograr esta dieta sostenible y saludable? No muy bien. Lograr sólo el componente de salud, ha sido muy difícil. México consume más de 200 kilogramos de ultraprocesados[1], por persona, por año. La cifra no sólo es escalofriante comparada con otros países (uno de los más altos en América Latina y el mundo[2]), sino también en relación a verdaderos alimentos: sólo 128 kg de fruta y 80 kg de verduras[3], y apenas 13 kg de pescado[4]

Esto ha generado una epidemia de enfermedades relacionadas con la alimentación: diabetes, sobrepeso y obesidad, sólo por mencionar algunas. Con efectos dramáticos en la calidad de vida (y muerte) de millones de personas. Con implicaciones económicas que nos afectan a todos: el producto interno bruto puede reducir más del 5 por ciento[5] en los siguientes años por los gastos en salud pública para atender esta epidemia. 

Los vínculos entre las enfermedades y el consumo de ultraprocesados son clarísimos. Y ante estas evidencias, no estamos haciendo lo suficiente para prepararnos para un futuro cercano, cuando en unos diez o veinte años, nuestras hijas y nietas nos pregunten: ¿Por qué se consumían esos productos que realmente no eran alimentos? ¿Cómo las autoridades permitían que la población se vuelva adicta al azúcar y sodio excesivos, a las grasas saturadas y la comida chatarra? ¿Cómo se bloqueaba el derecho legítimo de saber qué es lo que uno está comiendo? ¿Por qué comíamos para enfermarnos?

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Trataremos de explicar que un sistema agrícola de monocultivos producía ciertos cereales en exceso, que eran transformados en jarabes, aditivos de laboratorio y ultraprocesados de muy bajo costo y fáciles de transportar y distribuir, pero muy adictivos y nocivos para la salud. Que en algún momento nos dimos cuenta que enfermaban, y que muchos impulsaron medidas urgentes y decididas para bajar su consumo: desde impuestos a etiquetados. Pero que fueron bloqueadas constantemente por una industria miope a sus objetivos de largo plazo; que inclusive usó el Poder Judicial para suspender y posponer la implementación de medidas recomendadas por los organismos internacionales más respetados[6], y con impacto comprobado[7]. Pero que al final una gran coalición de la sociedad civil, funcionarios públicos sin conflictos de interés, expertos y más, fueron más fuertes para lograr impulsar etiquetados claros y mucho más.   

Si queremos mirar a los ojos a esas generaciones futuras, y decir que hicimos lo suficiente, necesitamos urgentemente implementar políticas públicas con grandes impactos. En salud, el etiquetado claro de ultraprocesados es un gran hito que cambiará nuestra relación con estos productos, aunque sea temporalmente obstaculizado. Los impuestos a bebidas azucaradas y ultraprocesados tendrá que aumentar, para subsidiar el consumo saludable. Las escuelas tendrán que estar obligadas a ofrecer sólo alimentos saludables y sostenibles. La publicidad de los ultraprocesados será restringida radicalmente, como en su momento se hizo con el tabaco. Y lograremos más, si tenemos las agallas y fuerza colectiva para ser pioneros globales en estas políticas, como hasta ahora lo son Chile, Perú, Uruguay, Israel y pronto México, con el etiquetado frontal y claro. 

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Pero también nuestras hijas y nietas nos preguntarán: ¿Por qué comimos para calentar tanto el planeta que destruimos ecosistemas y desplazamos comunidades enteras? Admitiremos que nos demoramos para atenderlo. Pero que con la base de recomendaciones claras de dietas sostenibles y saludables[8], comenzamos a desarrollar políticas públicas que redujeron nuestro impacto en el cambio climático, que los países que más consumían carne, bajaron su consumo, y que la coalición que apoyó las medidas de nutrición, se sumó a ambientalistas, expertos y más, para impulsar una agenda decidida de alimentación sostenible y saludable. 

La dieta del futuro no nos enferma. Nos sana. Sin ultraprocesados, que representan un presente y pasado para olvidar. Con más lactancia materna exclusiva, sin fórmulas excesivas[9] en azúcar para los bebés. Y esta dieta, con más vegetales, frutas y nueces, también salvará al planeta.

 

@joseluischicoma

 

[1] Según la OPS/OMS, en México se consumen 212,2 kg de consumo per cápita de productos ultraprocesados al 2013. 

[2] Chile y México son los principales consumidores de alimentos ultraprocesados en América Latina, triplicando el de Colombia y Perú. 

[3] El consumo de frutas en México se limita a 350 gramos al día (128 kg al año), mientras que el de verduras apenas llega a los 220 gramos al día (80 kg al año).

[4] Según COMEPESCA, en México se consume 13.2 kg de pescados y mariscos per cápita. 

[5] Según la OCDE, los altos niveles de sobrepeso y obesidad le restarán al PIB mexicano 5.3%, un porcentaje muy superior al promedio de la OCDE del 3.3%.

[6] El etiquetado claro de alimentos ha sido respaldado por UNICEF, FAO, OPS/OMS, entre otras organizaciones.   

[7] En Chile, el consumo de bebidas azucaradas disminuyó casi un 25% en los 18 meses posteriores a la adopción de una serie de regulaciones que incluían restricciones publicitarias a los alimentos poco saludables, etiquetado frontal de advertencia y la prohibición de comida chatarra en las escuelas.

[8] El reporte presentado por la comisión EAT-Lancet, delinea claramente los cambios radicales que debemos hacer en nuestras dietas, para que sean sostenibles y saludables.

[9] Según un reciente estudio de publicado en Nature, algunas leches de fórmula tienen el doble de azúcar por ración que un vaso de refresco.

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