"Asumo plena responsabilidad por lo que hice. Elegí este camino y comprendo que hoy debo responder por esas decisiones”, dice Zambada en carta. Evita pena de muerte y posiblemente Supermax al rechazar juicio.
Cuando volvió la realidad
Con el silbatazo final regresaron los asuntos que durante cinco semanas habían quedado parcialmente desplazados. La violencia que sigue golpeando a distintas regiones del país, la incertidumbre económica, la compleja relación con Estados Unidos, las campañas adelantadas rumbo a 2027, las disputas internas de Morena y la confrontación permanente entre quienes imaginan un México distinto. El futbol nunca borra la realidad. Apenas consigue ponerla en pausa mientras el balón sigue rodando.
"Asumo plena responsabilidad por lo que hice. Elegí este camino y comprendo que hoy debo responder por esas decisiones”, dice Zambada en carta. Evita pena de muerte y posiblemente Supermax al rechazar juicio.
Termina el paréntesis futbolero.
POR ALBERTO CAPELLA (@kpya)
EMEEQUIS.– Durante cinco semanas el Mundial consiguió algo que ningún gobierno, partido político o campaña electoral ha sido capaz de lograr. Millones de personas dejaron en segundo plano sus diferencias para hablar del mismo tema. Aunque fuera por unas horas, el futbol desplazó a la política, la inseguridad y la confrontación cotidiana. Las sobremesas cambiaron, los grupos de WhatsApp dejaron de discutir sobre escándalos públicos para debatir alineaciones, arbitrajes y pronósticos. El país seguía siendo el mismo, pero por un momento parecía respirar distinto.
Ayer terminó ese paréntesis.
Desde la eliminación de la selección mexicana muchos comenzaron a regresar poco a poco a la realidad. Aun así, la incertidumbre sobre quién levantaría la Copa del Mundo mantuvo viva la conversación hasta la gran final. Restaurantes, bares y hogares volvieron a llenarse. Familias completas y grupos de amigos compartieron el partido como ocurre cada cuatro años. Durante un par de horas volvimos a discutir de futbol y no de política. En tiempos donde casi todo divide, ese pequeño espacio de coincidencia tiene un enorme valor.
Hoy despertamos otra vez en México.
Con el silbatazo final regresaron los asuntos que durante cinco semanas habían quedado parcialmente desplazados. La violencia que sigue golpeando a distintas regiones del país, la incertidumbre económica, la compleja relación con Estados Unidos, las campañas adelantadas rumbo a 2027, las disputas internas de Morena y la confrontación permanente entre quienes imaginan un México distinto. El futbol nunca borra la realidad. Apenas consigue ponerla en pausa mientras el balón sigue rodando.
En Baja California ese regreso quedó retratado casi de inmediato. Mientras millones de personas seguían pendientes de los últimos minutos de la final, la gobernadora Marina del Pilar Ávila decidió publicar un video que hasta ahora pocos han logrado entender. No solamente por el contenido, sino por el momento elegido y por el efecto que inevitablemente produciría. Cuando la atención nacional estaba concentrada en otro tema, el propio gobierno estatal volvió a colocar sobre la mesa una discusión que comenzaba a perder fuerza.

La comunicación política suele ser mucho más sencilla de lo que algunos creen. Hay momentos para hablar y momentos en los que el silencio resulta la mejor estrategia. Cuando un asunto adverso empieza a salir de la conversación pública, lo más recomendable suele ser permitir que la atención ciudadana se desplace de manera natural. Revivir una crisis por decisión propia rara vez ofrece buenos resultados.
Hace unos días conversaba precisamente sobre esto con el periodista tijuanense Martín Borchardt. Me hizo una observación tan simple como certera. Decía que la gobernadora parece ir en sentido contrario a una de las reglas más elementales del marketing político. Si un tema que te perjudica comienza a apagarse por sí solo, volver a encenderlo difícilmente puede generar un beneficio.
Cuesta encontrar una explicación que resulte convincente.
Quizá influyó el comentario realizado el viernes por la presidenta Claudia Sheinbaum, cuando señaló que la gobernadora debía aclarar las versiones relacionadas con su presunto viaje a Panamá. Es posible que en Baja California alguien interpretara esas palabras como una instrucción política que exigía una respuesta inmediata. También es posible que no. Lo que sí quedó a la vista fue el resultado. En lugar de aprovechar que la conversación nacional seguía concentrada en la final del Mundial, el gobierno estatal decidió regresar voluntariamente al centro del debate.
Eso confirma algo que la política demuestra una y otra vez. El momento en que se comunica puede ser tan importante como el contenido del mensaje.
A partir de hoy volverán los encabezados sobre Sinaloa y la violencia que continúa golpeando a miles de familias. Regresarán las investigaciones y los posicionamientos provenientes de Estados Unidos. Continuarán las especulaciones sobre las candidaturas de Morena y de la oposición rumbo a las próximas elecciones. La economía seguirá enfrentando desafíos. La seguridad continuará siendo la principal preocupación de millones de mexicanos. Nada de eso desapareció durante el Mundial. Solamente quedó fuera del reflector mientras el balón ocupaba la conversación pública.
Tal vez esa sea una de las mayores virtudes del futbol. Conserva la capacidad de reunir durante unas horas a personas que piensan completamente distinto. En una misma mesa conviven simpatizantes de partidos opuestos, empresarios, trabajadores, jóvenes y adultos mayores sin discutir sobre ideologías. Todos celebran el mismo gol o lamentan la misma derrota. Muy pocas cosas consiguen eso.
La política mexicana, por el contrario, parece encontrar todos los días un nuevo motivo para dividir.
El Mundial ya pasó a los libros de historia. La emoción duró cinco semanas. La realidad apenas había hecho una pausa. Hoy regresan los problemas que nunca se fueron, las decisiones que siguen esperando respuestas y los gobiernos que tendrán que rendir cuentas. El balón dejó de rodar y la conversación volvió a donde siempre estuvo. La diferencia es que ahora ya no hay noventa minutos capaces de distraernos de la realidad. Esa volvió esta mañana y, como siempre ocurre, llegó puntual.
@kpya
