La estructura de poder que llevó a Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa en 2021 se encuentra hoy bajo el escrutinio internacional, tras las graves acusaciones del Departamento de Justicia de los EE. UU. que vinculan a su administración con una presunta colusión con la facción de "Los Chapitos". Este grupo, que presuntamente cogobernó el estado con el crimen organizado, está integrado por una cúpula de alto nivel que incluye al expresidente Andrés Manuel López Obrador como el "gran elector", a operadores políticos de peso como Mario Delgado, Citlalli Hernández, Américo Villarreal y Ricardo Monreal, así como a un staff de campaña —encabezado por figuras como Enrique Inzunza y Alejandro Higuera— cuyos miembros saltaron de la movilización electoral a puestos clave en el gabinete estatal y municipal, consolidando una red política hoy señalada por utilizar el aparato público para favorecer intereses delictivos.
Recolectores invisibles: la lucha diaria por ser vistos como personas, no como objetos
En el relleno sanitario de Dolores Hidalgo, recolectores de basura como Guadalupe y Lidia viven entre montañas de desechos, cicatrices en las manos y el sol implacable, enfrentando riesgos que nadie más soportaría. Más que un oficio, su labor es una lucha por dignidad, visibilidad y justicia, en un espacio donde el trabajo duro se mezcla con hambre, sed y discriminación. A pesar de las condiciones extremas, estas mujeres buscan que su esfuerzo sea reconocido y que las generaciones futuras puedan reciclar con respeto y seguridad, sin repetir las mismas heridas
La estructura de poder que llevó a Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa en 2021 se encuentra hoy bajo el escrutinio internacional, tras las graves acusaciones del Departamento de Justicia de los EE. UU. que vinculan a su administración con una presunta colusión con la facción de "Los Chapitos". Este grupo, que presuntamente cogobernó el estado con el crimen organizado, está integrado por una cúpula de alto nivel que incluye al expresidente Andrés Manuel López Obrador como el "gran elector", a operadores políticos de peso como Mario Delgado, Citlalli Hernández, Américo Villarreal y Ricardo Monreal, así como a un staff de campaña —encabezado por figuras como Enrique Inzunza y Alejandro Higuera— cuyos miembros saltaron de la movilización electoral a puestos clave en el gabinete estatal y municipal, consolidando una red política hoy señalada por utilizar el aparato público para favorecer intereses delictivos.
Recolectores de basura buscan ser vistos como personas, con dignidad. (Imágenes y videos: Maricarmen Gutierrez Romero)
EMEEQUIS.- Los recolectores de basura han iniciado una lucha para que se reconozcan sus derechos como empleados. Pero en el fondo, la raíz de esta batalla es más profunda: se trata de defender su dignidad, dejar de ser discriminados y lograr que sus condiciones laborales cambien.
“No es un lugar apto para un ser humano (…) Y sí, cuando la sed aprieta, hasta un refresco que sale de la basura nos lo tomamos. La sed es canija”, menciona Lidia.
De la pepena no solo se rescatan materiales para el reciclaje: hay familias que se alimentan de las sobras de comida que llegan al relleno sanitario y bajo la inclemencia del sol, a veces sin otra alternativa, toman de los refrescos y botellas de agua que están en la basura. “Esta es la verdadera pobreza que nadie quiere ver (…) Queremos que nos vean como personas normales”, menciona Guadalupe, una de las recolectoras.
Lidia y Guadalupe trabajan en el relleno sanitario de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional. Desde niñas conocen el lugar. En sus palabras, ellas no eligieron este empleo, llegaron a él por necesidad. Hoy buscan que las cosas cambien para ellas y, sobre todo, para las generaciones que vienen. No quieren que las siguientes generaciones repitan la misma historia de precariedad, discriminación y riesgo que les tocó vivir.
Guadalupe tiene las manos llenas de cicatrices de cuando se “mocha” por andar buscando material reciclable en el relleno sanitario. Tanto sus brazos como su rostro reflejan la inclemencia del sol. Sin importar el clima o que no se tenga la vestimenta adecuada, ella se presenta a laborar en el relleno sanitario.
Su madre, Margarita, la llevaba desde que era pequeña, ahí pasó su infancia, jugando entre bolsas de desechos mientras esperaba que su madre acabara de trabajar, años después, también lo convirtió en su fuente de ingresos:
“Mamá me dice: ‘casi ahí naciste’. Yo tendría 3 o 4 años cuando la acompañaba. Ya después, como a los nueve o diez, empecé a ayudarle cargando costalitos. Y cuando me independicé, a los 18, empecé por mi cuenta”.
Aunque llegó al relleno sanitario por necesidad, Guadalupe reconoce que el trabajo tiene ventajas, como poder disponer de tiempo para cuidar a sus hijos: “En un trabajo con patrón tienes que ir diario, y si faltas uno o dos días, te corren. Aquí yo puedo faltar si se enferma mi niño, y no pasa nada. Eso me da tranquilidad”.
Su labor puede empezar desde las 8:00 de la mañana, cuando llega al relleno sanitario, a veces se coloca unos guantes tipo tela y comienza a elegir de entre las montañas de desechos, aquellos que pueden ser vendidos. Rellena sus costales para que después venga un camión que les cobra 50 pesos por mover la mercancía a escasos 500 metros. Ahí tiene un espacio donde le permiten guardar el material encontrado hasta que tengan suficiente para venderlo.
En el relleno el olor es fuerte, te llega a la nariz y se queda en la garganta. Hay una combinación entre alimentos caducados, desperdicios de plástico, ropa, papel y animales muertos. Si uno presta atención, puede distinguir jeringas, gasas con sangre o fluidos corporales, material quirúrgico y hasta batas de uso médico.
“QUE NOS VEAN COMO PERSONAS NORMALES”




Guadalupe insiste en que, si alguno de sus hijos decide seguir sus pasos, no quiere que se enfrente a las mismas humillaciones por las que ella ha tenido que pasar y pueda continuar recolectando material reciclaje pero ya no en el relleno sanitario sino con dinámicas que permitan darle una segunda vida a elementos como el plástico o los electrodomésticos.
“Lo que pedimos es que ya nos vean como personas normales. Que reconozcan nuestro trabajo, que no nos vean feo ni con desprecio. Y que las nuevas generaciones no pasen las mismas carencias”.
Parte de los recolectores del relleno sanitario de Dolores Hidalgo se han conglomerado en un sindicato que busca defender derechos básicos y obtener acceso a la dignidad: Eco Red
Las carencias más urgentes son elementales: un baño digno para las más de 40 mujeres que laboran en el sitio y acceso a seguro médico. Hoy, la única opción es resistir más de ocho horas sin ir al sanitario o exponerse a buscar un rincón solitario entre la basura.
El relleno no solo acumula desechos: también es refugio de roedores, insectos y jaurías de perros que han hecho del lugar su hogar. Entre animales, olores penetrables, que se intensifican con la lluvia o el sol extremo, las personas que trabajan ahí se ven obligadas a hacer vida: trabajar, comer, ir al baño o curar alguna herida.
Y cuando sufren cortaduras con vidrios, jeringas o cuchillas de licuadora que se tiran a la basura, lo más que pueden hacer es limpiarse con agua o un trapo encontrado entre los desperdicios. El acto está normalizado: para ellas no es raro abrir una botella de agua que estaba en la basura y con eso limpiarse la herida, para después tomar un pedazo de tela de los mismos desechos y eliminar los remanentes de agua o sangre. En dichas condiciones, pensar en una enfermería o un botiquín de fácil acceso es un lujo. A veces, tantito alcohol o un trozo de limón para que no se infecte porque “no pasa nada”.
Para las jeringas que los hospitales privados y algunos hogares desechan, el protocolo es el mismo: limpiarse con lo más cercano y seguir pepenando. Contrario a lo que uno podría pensar, las bolsas de basura de los hospitales privados son negras y sin ninguna indicación, por ello, para los recolectores es forzoso abrirlas y revisar su contenido.
“Nosotras seguimos trabajando aunque nos duelan los dedos de las cortadas. Las manos las tenemos todas rayadas. En los hospitales todos traen su cubrebocas y gel antibacterial; nosotras estamos al aire libre agarrando de todo”. Lo hacen sin miedo, sin asco, con la normalidad que para ellos implica.
HÉROES AMBIENTALES
Guadalupe reconoce que su oficio tiene valor: ayuda al planeta y le ha dado sustento a su familia. Pero insiste en que puede hacerse en condiciones más dignas y seguras, sin tener que hundirse en el lodo del relleno sanitario. Por eso, Eco Red han impulsado un programa para recolectar directamente en colonias, evitando así la exposición a la insalubridad y los riesgos.
“Este trabajo lo heredamos por necesidad, no por elección. Pero lo que queremos heredar a nuestros hijos es respeto y mejores condiciones, no las mismas heridas que cargamos ”.
“Esa basura que tú tiras, al rato la van a estar pepenando en el relleno, pero aplastada, con lodo”, concluye Guadalupe.



LIDIA: UN JUEGO QUE SE VOLVIÓ EMPLEO
Lidia tiene 31 años y, al igual que Guadalupe, llegó al relleno sanitario de la mano de su madre. “Tengo 17 años trabajando como recicladora. Y juego, porque yo iba a visitar a mis tíos con mi mamá y mis hermanas. Hasta que después, por necesidad, mi mamá no tenía trabajo y mis tíos la invitaron a trabajar ahí. Entonces yo me iba con ella”.
Hoy reconoce que la raíz de esa decisión fue la necesidad y la falta de oportunidades para continuar sus estudios. “Creo que es un trabajo muy honrado, entonces a seguir trabajando y, pues sí, más que nada, sacar el sustento de la familia”. Explica que el mito que se tiene de que los recolectores de basura juntan “mucho dinero” es falso. Al menos lo es para ellos, quienes pueden recolectar hasta que los residuos están en el relleno sanitario y previamente, la materia de reciclaje ya fue seleccionada por quienes recogen la basura.
Lidia es madre de un adolescente de 14 años, a quien tuvo cuando apenas tenía 16. Hace cinco años quedó como madre soltera y asumió el doble rol de sostén y cuidadora. “Es un rol muy fuerte el jugar el papel de mamá y papá. Pero estoy contenta con mi hijo y con mi trabajo. Me gusta muchísimo lo que hago”.
Aun así, admite que no siempre es sencillo mantenerse en pie: “Creo que sí llega el momento en que uno se desanima muy feo, muy cañón, que dice uno: ‘Ya no quiero ir, ya no quiero, voy a dejar todo, ya no quiero esto’. Pero siempre he visto la oportunidad de salir. Me gusta mucho motivar a mis compañeras, seguirlas motivando, a pesar de que a veces uno anda motivando a los demás cuando está hecho pedazos”.
Entre las necesidades más urgentes, Lidia coincide con Guadalupe: “Creo que no es un lugar apto para un ser humano. Estaría bien que hubiera más cuidado hacia nosotros, como un baño sanitario, un lugar donde poder tomar nuestros alimentos y más protección, un baño sería muy útil, sobre todo para nosotras como mujeres cuando andamos en nuestros días”.
La rutina del relleno no da tregua. “En la hora de la comida hay ocasiones que ni se puede comer, por el mismo trabajo. Si uno se sienta a comer, tiene que ser rapidito porque llegan los camiones recolectores y hay que ir a sacar el material. En lo personal me malpaso mucho. Hay veces que por lo mismo no tengo chance ni de comer hasta que llego a casa. Uno lleva su botellita de agua o, si no, hasta con agua de la misma que sale entre la basura nos lavamos las manos. Y sí, cuando la sed aprieta, hasta un refresco que sale de la basura nos lo tomamos. La sed es canija”.
A Lidia no le gustaría que su hijo repitiera la misma historia: “Por la discriminación, la falta de cuidado… no me imagino ver a mi hijo trabajando en las mismas condiciones que yo. Creo que no es un lugar apto. No me gustaría verlo ahí. Pero si en algún momento él quisiera ingresar, pues… estaría en su decisión. Porque insisto: la vida a veces no nos lleva por donde queremos”.
Lo que pide, al final, es que su labor sea reconocida: “Que nuestro trabajo sea más valorizado, que la ciudadanía esté consciente de que no nada más estamos trabajando, sino que estamos cuidando nuestro medio ambiente. Esto no es solo un beneficio para nosotros como madres, padres o familias recicladoras, sino para toda la humanidad”.
Guadalupe y Lidia insisten en que no llegaron ahí porque quisieran, sino porque las circunstancias las orillaron. Hoy, su voz busca romper el ciclo de generaciones que heredan un trabajo duro y estigmatizado, para transformarlo en una labor reconocida y digna.
@MarRome259

