Mentiras, el musical de la visa

Lo verdaderamente preocupante en el escándalo de Marina del Pilar ya no es la visa, sino la la facilidad con la que cambia la explicación. La opinión de @kpya.

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El teatro de Baja California.

POR ALBERTO CAPELLA (@kpya)

EMEEQUIS.– Hay musicales que permanecen años en cartelera porque el público disfruta volver a ver la misma historia. En Baja California tenemos uno muy distinto. También se llama Mentiras, pero aquí no cambian los actores. Cambia el libreto. Cada audio, cada filtración y cada revelación obligan a escribir un nuevo capítulo para explicar el anterior.

Desde el 10 de mayo de 2025, cuando Marina del Pilar anunció que Estados Unidos le había retirado la visa, los bajacalifornianos hemos escuchado una versión diferente cada vez que aparecen nuevos elementos. La visa sigue exactamente donde estaba ese día. Lo único que se ha movido es la narrativa.

Primer acto. Era un simple trámite administrativo.

Así comenzó todo. Se trataba, según la explicación oficial, de un procedimiento consular que pronto quedaría aclarado. No había razones para alarmarse. La situación de su esposo simplemente la había alcanzado.

Pasaron los días. Después las semanas. Luego los meses. La visa nunca apareció. Las explicaciones sí. Y llegaron puntualmente, una tras otra.

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Segundo acto. No había delito, ni investigación, ni nada que explicar.

La historia dio un giro. Ya no era solamente un trámite administrativo. También se aseguró que no existía acusación alguna y que todo obedecía a la intención de adversarios políticos y medios de comunicación por fabricar un escándalo.

Pero los hechos empezaron a caminar en sentido contrario. Su esposo dejó los cargos honorarios que desempeñaba. Poco a poco desapareció de la vida pública. Meses después llegó el divorcio. Nadie puede afirmar seriamente que una cosa sea consecuencia jurídica de la otra. Lo que sí puede afirmarse es que aquel supuesto trámite administrativo terminó modificando la vida política y personal de la pareja que gobernaba Baja California. No parecía precisamente un asunto menor.

Tercer acto. La historia cruzó la frontera.

Comenzaron a aparecer abogados especializados en Estados Unidos. Después surgieron referencias a reuniones y gestiones. Más tarde conocimos audios donde la propia gobernadora hablaba del FBI, del Departamento de Justicia, de la OFAC y del temor a una posible extradición.

Ahí el discurso empezó a perder consistencia. Porque cuando a cualquier ciudadano le cancelan una visa normalmente vuelve a presentar documentos y espera una respuesta. No suele rodearse de abogados especializados, hablar de sanciones financieras internacionales ni preguntar si podría ser extraditado. Aquello ya no se parecía al famoso trámite administrativo.

Cuarto acto. La trampa.

Cuando los audios dejaron de poder negarse, apareció una nueva explicación. Todo había sido una trampa. Según la gobernadora, recibió de buena fe a personas que nunca se identificaron plenamente y creyó que realmente podían ayudarla.

Esa versión también deja demasiadas preguntas abiertas. Estamos hablando de la titular del Poder Ejecutivo de un estado fronterizo. De una gobernadora que participa en mesas de seguridad donde convergen autoridades civiles, militares y federales para compartir información altamente sensible. Cuesta trabajo aceptar que alguien con esa responsabilidad sostenga conversaciones de esa naturaleza sin confirmar antes quién tiene enfrente.

Y cuando parecía que el libreto había llegado a su final, apareció otro episodio. Los audios difundidos este lunes revelan que desde tiempo atrás contaba con la asesoría de un exagente del FBI para atender precisamente el problema de la visa. Ese solo dato vuelve a modificar el contexto.

Porque quien cuenta con ese nivel de asesoría difícilmente puede sostener que actuó con ingenuidad. Precisamente para eso se contratan especialistas, para verificar identidades, confirmar información y evitar caer en manos de supuestos intermediarios. Otra vez cambió la historia.

Lo verdaderamente preocupante ya no es la visa. Es la facilidad con la que cambia la explicación.

Primero fue un trámite administrativo. Después un problema derivado de la situación de su esposo. Luego aseguraron que no existía investigación. Más tarde aparecieron abogados especializados. Después las conversaciones sobre el FBI y el Departamento de Justicia. Luego las referencias a la OFAC. Más adelante el temor a una posible extradición. Después la disposición para compartir información escuchada en las mesas de seguridad. Luego la supuesta trampa. Ahora una asesoría especializada que existía desde antes de esos encuentros. Cada nueva versión pretende sostener la anterior, pero termina debilitándola todavía más.

Mientras tanto, Baja California sigue viviendo en otro escenario.

Mientras el gobierno dedica tiempo a abogados, asesores, llamadas, reuniones, filtraciones y control de daños, el estado continúa haciendo lo que lleva demasiados años haciendo, contar muertos.

Este fin de semana fue asesinado otro elemento de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana.

Los grupos criminales no suspendieron actividades para escuchar el nuevo audio. Las madres buscadoras tampoco dejaron de buscar. Los comerciantes siguieron pagando extorsiones. Las familias continuaron viviendo con miedo.

Uno esperaría que la principal preocupación de cualquier gobernadora fuera recuperar la tranquilidad de su estado, no recuperar una visa.

En cualquier obra de teatro, cuando el protagonista cambia el libreto en cada función, el público termina dejando de creerle al personaje. En política ocurre exactamente lo mismo.

Desde mayo de 2025 la visa permanece exactamente donde estaba el primer día, cancelada. Lo único que ha cruzado la frontera son las versiones. Primero fue un trámite administrativo. Después un problema de su esposo. Luego abogados, reuniones, el FBI, la OFAC, una posible extradición, la supuesta trampa y ahora una asesoría especializada que vuelve a cambiar la historia.

Si algo ha demostrado el trabajo periodístico de Héctor de Mauleón es que, cuando parece bajar el telón, siempre aparece un acto más.

El problema es que, mientras este musical sigue en cartelera, Baja California lleva demasiado tiempo esperando la función que realmente importa. Porque el escenario donde debería estar concentrada una gobernadora no es el de las explicaciones. Es el de la seguridad y la tranquilidad de los bajacalifornianos.

@kpya



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