En municipios colimenses como Tecomán o Villa de Álvarez, las policías municipales participan de manera relevante en las tareas contra la delincuencia. En cambio, en Colima capital existe una dependencia significativa al trabajo que hace la policía estatal. Mientras en unos municipios la relación es de mutualismo, en la capital del estado es similar a la de parasitismo. El análisis de @oscarbalmen.
Antes de desaparecer policías, hay que ver a Colima
En municipios colimenses como Tecomán o Villa de Álvarez, las policías municipales participan de manera relevante en las tareas contra la delincuencia. En cambio, en Colima capital existe una dependencia significativa al trabajo que hace la policía estatal. Mientras en unos municipios la relación es de mutualismo, en la capital del estado es similar a la de parasitismo. El análisis de @oscarbalmen.
En municipios colimenses como Tecomán o Villa de Álvarez, las policías municipales participan de manera relevante en las tareas contra la delincuencia. En cambio, en Colima capital existe una dependencia significativa al trabajo que hace la policía estatal. Mientras en unos municipios la relación es de mutualismo, en la capital del estado es similar a la de parasitismo. El análisis de @oscarbalmen.
La policía municipal y sus pocos arrestos en Colima.
EMEEQUIS.– En junio pasado, el gobernador michoacano Alfredo Ramírez Bedolla, ante la enésima infiltración del Cártel Jalisco Nueva Generación en el estado, propuso desaparecer a las policías municipales para dejar a la Guardia Nacional la tarea de combatir al crimen. La iniciativa se topó con las críticas de expertos que argumentaron que los municipales son los primeros respondientes ante una emergencia y los que más arrestos hacen, lo que su eliminación vulneraría aún más a la población. Esto es cierto excepto en un municipio del país: Colima.
La capital del estado menos poblado de México es una rareza: mientras la policía municipal realizó apenas 46 arrestos de enero a julio de este año, la policía estatal hizo 286, de acuerdo con los datos de la fiscalía local. Es decir, los estatales fueron 6.2 veces más efectivos con 552% más aprehensiones que los municipales.
Por ejemplo, fueron policías estatales en Colima capital quienes en abril pasado detuvieron en flagrancia a un hombre que portaba un arma en la vía pública. Gracias al arresto se inició una investigación que vinculó al detenido con el doble asesinato de los dueños del “Pichón”, una conocida panadería en la ciudad.
La situación en Colima capital contrasta con lo que pasa en el resto del estado: en Manzanillo los policías municipales cuentan 449 arrestos contra 356 de los estatales; en Villa de Álvarez, 48 contra 37, respectivamente; en Comala, 16 contra tres.
Lo mismo sucede en municipios como Tecomán o Villa de Álvarez, donde las policías municipales participan de manera relevante en las tareas contra la delincuencia. En cambio, el municipio de Colima capital presenta una dependencia significativa al trabajo que hace la policía estatal. Mientras en unos municipios la relación es de mutualismo, en la capital del estado es similar a la de parasitismo.
Las diferencias también se reflejan en la capacidad operativa: en el Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales 2023, el municipio de Colima aparece con una de las menores tasas de policías preventivos municipales por cada mil habitantes del estado-
¿Qué hace a Colima capital un territorio donde los policías municipales tienen tan baja participación, a comparación de los otros nueve municipios del estado? ¿Por qué en sus 670 kilómetros cuadrados hay una tendencia que va en contra de lo que sucede en el resto de México?

Los datos, por sí mismos, no nos permiten concluir que la diferencia esté en el compromiso de los policías, quienes trabajan con los recursos humanos, materiales, técnicos y estrategias que tienen a su alcance. La respuesta está en algo más profundo: los responsables municipales de la seguridad pública.
Colima capital tiene un pobre desempeño en seguridad pública por las decisiones sobre presupuesto, contratación de personal, adquisición de patrullas, capacitación y fortalecimiento de su policía municipal. En suma, no es el que porta el uniforme, sino los que mandan a los uniformados.
Entender esta diferencia es vital para prevenir la siguiente gran tragedia en materia de seguridad. La disputa por Colima no responde al tamaño de su territorio, sino a la estatura del negocio que puede atravesarlo: en sus costan desembocan cargamentos de precursores químicos y cocaína procedentes de Asia y Sudamérica, mientras que sus carreteras conectan el Pacífico con Jalisco, Michoacán y el centro del país por donde pasan drogas, armas y dinero.
En un estado que funciona como puerta del narcotráfico, una policía débil no deja un vacío: deja la puerta abierta.
@oscarbalmen
