Xaltipa, la comunidad veracruzana enterrada por el lodo

La comunidad náhuatl de Xaltipa, en Ilamatlán, quedó sepultada por el lodo tras las lluvias torrenciales, dejando a 350 habitantes desplazados y cinco maestras desaparecidas. Caminos, puentes y escuelas fueron arrasados, y la ayuda, aún limitada, debe adaptarse a la dieta y costumbres locales. Entre el drama y la espera, la gobernadora Rocío Nahle se mantiene con un mensaje de optimismo irónico, mientras la comunidad lucha por salir adelante.

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“Nada más se ve un domo, todo lo demás desapareció”, dice Rogaciano Cortés, maestro de telebachillerato comunitario y testigo de la devastación. Foto: @PeriodistasU.

EMEEQUIS.–  El lodo no preguntó por nombres ni edades. Avanzó silencioso y violento, engullendo casas, caminos y vidas en la comunidad náhuatl de Xatilpa, en Ilamatlán. Doce días después de las lluvias torrenciales, Xatilpa ha desaparecido, y sus 350 habitantes ahora viven refugiados en Huayacocotla, bajo carpas y lonas, mientras el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y autoridades locales intentan recomponer lo que quedó de su mundo.

“Nada más se ve un domo, todo lo demás desapareció”, dice Rogaciano Cortés, maestro de telebachillerato comunitario y testigo de la devastación.

MAESTRAS PERDIDAS EN EL LODO

Entre los desaparecidos se cuentan cinco maestras. Sus nombres —María Guadalupe Hernández y su hija Alison, Sonia y su madre Anselma, y otra aún sin identificar— son ahora rostros de la angustia que atraviesa la sierra. Trabajaban en comunidades como Chahuatlán, dedicadas a la educación en condiciones de marginación extrema. Sus familias y compañeros siguen buscándolas, excavando entre escombros con palas y picos.

“Estamos buscando a ciegas, necesitamos apoyo especializado. Dos maestras aún no aparecen”, confiesa Cortés.

CAMINOS DE DESOLACIÓN

Los puentes se llevaron las lluvias. Los caminos se tragaron toneladas de tierra y escombros. Comunidades como San Gregorio, Santa Cruz, Amatlán, Apla de Capa, San Pablo y San Mateo quedaron incomunicadas. Cada intento de acercarse a los pueblos afectados es un riesgo: derrumbes, lodo profundo y carreteras que ya no existen.

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“Para llegar a algunas zonas, hay que caminar 48 kilómetros. Los puentes se los llevó el río,” explica el maestro, mientras los ojos recorren el paisaje devastado.

La reconstrucción se antoja imposible. foto: @elpinero1.

VÍVERES QUE NO SON VÍVERES

El rescate no solo enfrenta obstáculos físicos, también culturales. La ayuda llega enlatada, pero los habitantes no están acostumbrados a comer conservas. Exigen maíz, frijol, chiles y jitomate, los ingredientes que forman su dieta y que conectan con su identidad.

“La gente de campo no come atún ni conservas. Necesitamos comida que ellos conozcan y puedan preparar,” dice Cortés, mientras coordina la distribución de alimentos básicos.

Nahle se asomó el 21 de octubre. 

ESCUELAS DESAPARECIDAS, INFANCIA INTERRUPTA

Las aulas no sobrevivieron. El Telebachillerato Comunitario de Ilamatlán y las escuelas de Chahuatlan y Xaltipa fueron destruidas parcial o totalmente. Los niños y niñas, algunos huérfanos del hogar y del entorno escolar, esperan útiles, libretas y mobiliario. La educación, que alguna vez fue refugio y esperanza, quedó suspendida en el lodo.

UNA REUBICACIÓN INEVITABLE

Xaltipa, que antes tenía calles, patios y vida comunitaria, ahora existe solo en recuerdos y fotografías. La reubicación será necesaria, junto con viviendas, escuelas y servicios médicos. La tragedia obliga a reconstruir no solo la infraestructura, sino el tejido social de una comunidad que parecía inquebrantable.

“Hay seis mil personas afectadas en la sierra. Es un mundo de escombro, y necesitamos más apoyo del Ejército y de los gobiernos,” concluye Cortés, mientras el sol cae sobre un paisaje transformado en lamento silencioso.

EL IRÓNICO OPTIMISMO OFICIAL

Mientras Xaltipa permanece desaparecida y sus caminos cortados, la gobernadora Rocío Nahle declaró:

“ILAMATLÁN es cabecera municipal en la sierra de Huayacocotla y continúa incomunicada, hoy fuimos a supervisar cómo va el avance de la apertura del camino y llevamos apoyo a nuestra noble gente. Lo dicho, somos un pueblo fuerte y trabajador. ¡Juntas y juntos saldremos adelante!”

Un mensaje que, entre la tragedia y la ironía, parece flotar sobre toneladas de lodo que todavía sepultan hogares y sueños.

@emeeequis



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