Los llamados "huecos de vida" explican cómo personas lograron sobrevivir hasta ocho días bajo los escombros en Venezuela. Entre ciencia, azar y resistencia estructural, estos espacios dieron oportunidad a rescates que parecían imposibles.
Huecos de vida: rescates en Venezuela a una semana de la tragedia
Los llamados "huecos de vida" explican cómo personas lograron sobrevivir hasta ocho días bajo los escombros en Venezuela. Entre ciencia, azar y resistencia estructural, estos espacios dieron oportunidad a rescates que parecían imposibles.
Los llamados "huecos de vida" explican cómo personas lograron sobrevivir hasta ocho días bajo los escombros en Venezuela. Entre ciencia, azar y resistencia estructural, estos espacios dieron oportunidad a rescates que parecían imposibles.
EMEEQUIS.– Durante años, los rescatistas han repetido una cifra casi como una sentencia: después de 72 horas bajo los escombros, las probabilidades de encontrar sobrevivientes caen drásticamente. Pero el reciente desastre en Venezuela ha vuelto a demostrar que, entre el concreto colapsado, las vigas retorcidas y los muros partidos, todavía puede abrirse un pequeño espacio donde la vida se aferra a seguir respirando.
Los llaman “huecos de vida”: cavidades que se forman de manera accidental cuando una estructura se desploma y algunos elementos: columnas, vigas, muebles o muros, soportan parte del peso, creando refugios diminutos capaces de proteger a una persona del aplastamiento total.
No son un método de construcción ni una teoría infalible. No hay forma de crearlos para prevenir, son producto del azar, de la geometría del derrumbe y de la resistencia de ciertos elementos estructurales. Pero cuando aparecen, pueden marcar la diferencia entre una tragedia absoluta y un rescate que parece imposible, lo que algunos también llaman milagro.
Eso fue lo que ocurrió con Hernán Gil, vigilante de 43 años, quien permaneció atrapado durante ocho días bajo los escombros de un edificio colapsado en La Guaira tras el doble terremoto del 24 de junio.
Desde que lograron establecer contacto con él, los equipos de rescate mantuvieron comunicación constante, le suministraron agua y medicamentos mientras abrían paso entre toneladas de concreto. Voluntarios de la Cruz Roja Venezolana señalaron que la propia caseta de vigilancia donde trabajaba actuó como un escudo que evitó que el peso de la estructura terminara por aplastarlo. La caseta en su vida diaria cumplia otra función, nunca fue planeada como algo que podía proteger la vida de su habitante pero al momento del derrumbe, fue su estructura la que impidió que las partes de otras construcciones aplastaran a Hernán Gil.
Su rescate movilizó a especialistas de Venezuela y de varios países, entre ellos México, Chile, Costa Rica, Estados Unidos y El Salvador, en una operación que se prolongó durante días y que desafió la llamada “ventana crítica” de supervivencia.
Pero Hernán no fue el único. Entre los casos documentados aparecen Carlos Miguel Colmenares, un niño de 12 años rescatado después de 122 horas bajo los restos del edificio La Estrella, en Macuto.
Aaron Levi Cantillo Vargas, de 21 años, localizado con vida tras permanecer 106 horas atrapado en un edificio de Caraballeda. Pasó cinco días, bajo toneladas de concreto, él habló con quienes intentaban alcanzarlo. Sólo repetía una frase: “Quiero salir, pero tómense el tiempo del mundo”.
Una madre, Dayana Patiño, y su bebé Juan David de 18 días. Ella estaba lavando los platos en su apartamento, un octavo piso de La Guaira cuando se produjeron los terremotos. De inmediato corrió a proteger a su hijo entre sus brazos, pensando que se trataba “solo de un temblor leve”.
“Sentía que volaba. Después, sentí que me hundía en agua y tierra, y luego caí en el hueco donde quedé atrapada. No sé cómo no solté a mi bebé mientras volaba; fui aplastada contra los muebles”, contó para la BBC.
Agregó “De vez en cuando le tocaba la nariz para comprobar que seguía respirando. Mientras él estuviera vivo, yo también lo estaría” Dayana y su bebé lograron salir hasta el jueves.
Además de otros sobrevivientes como Graciela Mora, Marlene Angulo y un niño de tres años recuperado por un equipo internacional después de casi seis días. Graciela se aferró al marco de la puerta hasta que todos los pisos se vinieron abajo, posiblemente fuera ese marco el que creará el hueco que le salvó la vida.
En el caso del menor, la operación se extendió varias horas mientras hacían seguimiento continuo del estado del niño con tecnología de imagen térmica.
Cada historia tiene circunstancias distintas. Lo que las une es que todos lograron permanecer dentro de espacios que los protegieron del colapso total. Las probabilidades de sobrevivir incrementan cuando no hay lesiones y si hay una forma de conseguir oxígeno mientras se está atrapado. Ahí es cuando el trabajo de los rescatistas entra en juego, encontrar la forma de mantener la comunicación, de quitar los escombros y de poder suministrar agua.
CIENCIA, MILAGRO, AMBOS
Los especialistas en búsqueda y rescate urbano explican que los “huecos de vida” aparecen cuando la forma en que cae una construcción deja cavidades internas donde una persona puede quedar atrapada sin recibir directamente el peso de la estructura. Su tamaño, estabilidad y duración dependen de numerosos factores: el tipo de edificio, el ángulo del derrumbe, la resistencia de las vigas, la disponibilidad de oxígeno, el acceso al agua y la ausencia de nuevos colapsos.
No pueden predecirse ni diseñarse con precisión. Cada edificio cae de manera distinta, cada movimiento de tierra, terremoto, temblor, es diferente, las variables son demasiadas como para diseñar un espacio 100% seguro.
Por eso, aunque la ventana de supervivencia suele concentrarse en las primeras 72 horas, la búsqueda continúa incluso después. A lo largo de distintos terremotos en el mundo se han registrado rescates extraordinarios días más tarde, gracias precisamente a estos espacios protegidos.
En Venezuela, mientras el costo de vidas continúa creciendo y las labores de rescate siguen activas con apoyo internacional, cada golpe de una herramienta sobre los escombros se acompaña de un silencio absoluto. Los rescatistas humanos y caninos buscan una voz, un golpe, una respiración.
Porque debajo del concreto todavía puede existir un hueco y dentro de ese hueco, una vida esperando ser encontrada.
@MarRome259
