Las cláusulas del tratado que indican que, incluso si Estados Unidos decide no extenderlo por otros 16 años, ese escenario sólo activaría un proceso de revisión, dice Sheinbaum.
El consultorio que exhibió al sistema
El deterioro del sistema de salud mexicano no es percepción; es una experiencia cotidiana para millones de personas. Hay días en que pareciera encontrarse en terapia intensiva; otros, apenas sobrevive gracias al esfuerzo de médicos, enfermeras y trabajadores que hacen más de lo que les corresponde. La opinión de @SoledadDurazo.
Las cláusulas del tratado que indican que, incluso si Estados Unidos decide no extenderlo por otros 16 años, ese escenario sólo activaría un proceso de revisión, dice Sheinbaum.
POR SOLEDAD DURAZO
EMEEQUIS.– Mientras se anuncian nuevas inversiones, persisten el desabasto, los medicamentos caducos y la falta de responsables.
El problema del sistema de salud mexicano ya no es sólo presupuestal; también es de rendición de cuentas.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos visto mermada nuestra salud, en mayor o menor medida. Son esos momentos los que nos obligan a valorar lo que significa vivir sin enfermedad y a comprender la importancia de contar con un sistema de salud que responda cuando más se necesita.
El deterioro del sistema de salud mexicano no es percepción; es una experiencia cotidiana para millones de personas. Hay días en que pareciera encontrarse en terapia intensiva; otros, apenas sobrevive gracias al esfuerzo de médicos, enfermeras y trabajadores que hacen más de lo que les corresponde y muchas veces con recursos de su bolsa.
Mientras las protestas por mejores servicios continúan —como ocurre prácticamente todos los días en distintos estados del país— esta semana coincidieron dos noticias que retratan con claridad las contradicciones del sistema.
Por un lado, en el Hospital Infantil de México Federico Gómez se detectó la caducidad de 18.4 millones de piezas de medicamentos, con un valor superior a 120 millones de pesos, almacenadas durante varios años. Hoy se investiga a los responsables.
Por otro, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una inversión de 20 mil millones de pesos para modernizar el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar mediante la adquisición de nuevo equipamiento.
En todas las regiones del país asistimos diariamente a escenas de desesperación. Derechohabientes y familiares exigen atención oportuna, medicamentos, especialistas, cirugías y servicios dignos. No piden privilegios; reclaman un derecho consagrado en la Constitución.
En los últimos años, la política pública en salud ha transitado más por la improvisación que por la planeación. El periodo denominado de la Cuarta Transformación ha pasado de un experimento a otro, sin que los resultados demuestren una estrategia sustentada en evidencia científica o en la adopción de modelos exitosos. Con frecuencia, las decisiones parecen responder más al afán de romper con el pasado que a la construcción de un sistema eficiente.
Y cuando se improvisa en materia de salud, las curvas de aprendizaje siempre las termina pagando la población.

Si las malas decisiones tuvieran consecuencias para quienes las toman y la impunidad no fuera la constante, probablemente existiría mayor rigor en el diseño y la ejecución de las políticas públicas. Pero mientras nadie responda por los errores, éstos seguirán repitiéndose.
Paradójicamente, uno de los mayores amortiguadores del colapso del primer nivel de atención no ha sido el Estado, sino la iniciativa privada. Desde la aparición del modelo de Farmacias Similares —y de otras cadenas que posteriormente replicaron el esquema— millones de consultas médicas han sido absorbidas fuera del sistema público.
Pocas veces se dimensiona la presión que este modelo ha quitado al IMSS, al ISSSTE y al resto de las instituciones públicas. Basta imaginar cómo lucirían hoy sus salas de espera si esas consultas también dependieran de ellas. ¿Cuánto más evidente sería el desabasto de medicamentos si miles de personas no pudieran adquirirlos a bajo costo en esos establecimientos?
El éxito de las farmacias con consultorio es, en buena medida, proporcional al fracaso del primer nivel de atención del sistema público de salud en México.
Podemos optar por ver el vaso medio lleno o medio vacío. Personalmente prefiero la primera opción, pero hay momentos en que la realidad obliga a ser más exigentes que optimistas.
Es inevitable preguntarse: ¿habrá responsables por la pérdida de medicamentos que tanta falta hacen a miles de pacientes? ¿Qué mecanismos de control impedirán que vuelva a ocurrir? ¿La modernización tecnológica también contempla fortalecer los sistemas de administración, distribución y vigilancia? ¿Se transparentará el destino de esos 20 mil millones de pesos? ¿Cuándo llegará la inversión urgente para hospitales y clínicas que hoy operan con infraestructura deteriorada o insuficiente?
Porque el verdadero problema del sistema de salud mexicano ya no es únicamente la falta de recursos. Es la falta de responsabilidad. Cuando caducan millones de medicamentos mientras los pacientes recorren farmacias buscando lo que el Estado debió garantizarles, no fracasa una bodega: fracasa toda una cadena de decisiones, controles y autoridades. Y mientras nadie responda por esos errores, cualquier anuncio de modernización corre el riesgo de convertirse en otra promesa costosa y otra oportunidad perdida para millones de mexicanos.
@SoledadDurazo
