Oficial mayor de CNDH amenaza con golpear a víctima de tortura (VIDEO EXCLUSIVO)

Grabados in fraganti. Óscar Kábata, víctima de tortura, asegura que cuatro funcionarios de la CNDH dirigida por Rosario Piedra lo golpearon y comparte el video en el que Ángel Gómez Garza, oficial mayor, lo amenaza y lo llama “maricón”. Pudo grabarlos al final de la golpiza. Aquí las imágenes. #VIDEO

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24 DE ENERO DE 2022
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EMEEQUIS.– “Gracias eh, gracias por la putiza que me dieron”, se escucha la voz, aún jadeante, de un hombre que se levanta del suelo, donde –acusa– fue golpeado por cuatro personas: primero lo tiraron y, cuando lo habían doblegado, le dieron de patadas hasta que pudo zafarse. “¡Chínguenselo!”, gritó uno, y el resto se le fue encima. 

Uno de los presuntos agresores, que usa camisa clara y pantalón de vestir negro, le contesta: “(putiza) la que te voy a poner, cabrón”. Él es Ángel Gómez Garza, oficial mayor de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), cuya titular es Rosario Piedra Ibarra. 

El que acusa al funcionario de golpearlo durante una protesta en las oficinas del organismo, y quien grana el video, es Óscar Kábata, víctima de tortura por parte del Ejército en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2009, en el marco del Operativo Conjunto Chihuahua, a cargo del general Felipe de Jesús Espitia. 

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“Qué cagadota están haciendo”, replica Óscar en la grabación, que posee este medio, mientras que el alto funcionario le contesta: “ahí sigue grabando, maricón”.   

Además de la agresión, Kábata acusó también incumplimiento de los acuerdos con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) como parte de la reparación del daño por el secuestro y tratos inhumanos que sufrió a manos de militares, así como inacción por parte de CNDH, e irregularidades de este organismo en la integración de su caso, con el fin, asegura, de beneficiar a la dependencia agresora.   

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El 17 de diciembre, afuera de las instalaciones de la comisión, Kábata asegura que cuatro trabajadores de este organismo lo golpearon. Entre ellos, sostiene, estaba Ángel Gómez Garza, oficial mayor y segundo al mando en la CNDH, quien ostenta el cargo desde marzo del año anterior, cuando sustituyó a Armando Morales Loya.    

Tras los hechos, Kábata dijo a EMEEQUIS que la CNDH buscó un acuerdo reparatorio, en el que reconoce que fue su personal el que lo lesionó cuando se manifestaba afuera de las oficinas, aunque omitió poner los nombres, posiblemente para proteger al segundo funcionario en rango, después de la presidenta Rosario Piedra Ibarra. 

Desde el 29 de marzo del año anterior, Kábata también mantiene un plantón frente a la Sedena por la tortura física, sexual y psicológica que vivió en el sexenio de Felipe Calderón, que incluyó el asesinato, en su presencia, de su amigo Víctor Manuel Baca Prieto, cuyo cuerpo fue ocultado y hallado hasta 2016, siete años después.  

“Te soy sincero: yo me esperaría golpes de todos, pero jamás en la vida me pasó por la cabeza ni provocarlos ni que ellos me fueran a pegar, porque son de CNDH. Llegué a la puerta y desde que llegué me empezaron a decir malas razones: que ‘¿a qué vienes, pendejo?’ Me asombré demasiado y me recargué en la puerta y les dije: ‘¿ah, sí?’ Yo no les estoy diciendo nada; son de CNDH. Y en eso se abre la puerta y me voy para atrás y sale alguien de ahí, no sé quién, y me empuja y les dice: ‘¡chínguenselo!’, y me empiezan a golpear entre los cuatro, uno de ellos, o dos de ellos más bien, me pisan para que no me pueda mover ni correr y me empiezan a golpear en la cara y en todas partes”, narra Kábata en entrevista. 

Recuerda que se logró zafar, se levantó y es cuando empezó a grabar un video y les dijo: “a ver si muy machitos, ¿por qué entre cuatro? Y le digo a uno, yo con el coraje: ‘vente tú solo’, y él me dice algo así como ‘maricón’, y cosas que yo no me esperaba”.      

 Kábata grabó a los funcionarios tras la agresión. 

ASÍ SUCEDIERON LOS HECHOS

El altercado, cuenta, ocurrió en la parte trasera de las oficinas de CNDH, donde existe “una puerta secreta” por la que sale la presidenta y su gente.  

“Yo ya sabía de esa puerta porque un policía me había dicho, entonces yo fui al baño, que queda cerquita ahí, y vi que estaban cuatro personas y me dirigí hacia ellas. Estaba Ángel Gómez Garza, que es el oficial mayor y otros tres cuyos nombres no me sé, pero uno es el jefe de seguridad interna de la CNDH”, denunció. 

Kábata, víctima de tortura, lleva diez meses con un plantón afuera de Sedena y un año en la Ciudad de México. Su mamá llegó el 9 de enero de 2021 para manifestarse en las instalaciones de la Secretaría de Gobernación (Segob); sin embargo, en abril se cambiaron a las oficinas de CNDH. 

Tras las agresiones, Óscar menciona que la Comisión Nacional de Derechos Humanos lo contactó para llegar a un acuerdo por los golpes que había sufrido y la reparación del daño. 

Primero, contó, le llamaron por teléfono para ofrecerles diez mil pesos, pero les colgó el teléfono. “No estaban viendo la dimensión del asunto que era que alguien de CNDH reprimió a una víctima que se estaba manifestando”, expuso. 

“Al principio yo les dije: ‘mira, no me des dinero, arréglame todas las cosas, todas las irregularidades, que has hecho en mi caso y ahí estuvo’”. 

Sin embargo, un abogado le aconsejó que recibiera el dinero, “porque son capaces de dejarte con la bronca esa también”, sin ninguna remediación por el daño. 

Fue entonces que llegaron a un acuerdo de reparación, el 24 de diciembre, por el cual recibió un monto, por los daños sufridos, pero no especifica que la víctima debe abstenerse de llevar el proceso por la vía legal, por el delito de lesiones. Por tal motivo, la CNDH busca que firme un nuevo acuerdo. 

Los abogados de Kábata le han dicho que no firme nada nuevo, porque “que ellos quieran protegerse todavía más, es diferente”, y el convenio ya está hecho. 

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El documento dice que se le entregaba cierta cantidad por las lesiones, daño físico, psicológico y morales, “pero, creo yo, la regaron al no poner quién fue el que me golpeó o me ofendió, ni tampoco pusieron que yo me abstenía de cualquier acción legal contra las personas”, precisó, al tiempo que refiere que el nuevo acuerdo, que no ha firmado, sí dice que debe abstenerse de cualquier declaración o denuncia. 

“No es en lo que quedamos, quedamos en otra cosa y ellos se están echando para atrás. Aparte, hay muchas irregularidades que hicieron en mi caso: todos los nexos de Luciana Montaño con Sedena –afirma que tiene relación familiar con personal militar, lo cual obstruye el criterio de imparcialidad del organismo autónomo–, eso está muy grave”, insiste. 

“Hubo reuniones con Sedena, CNDH y yo, en los que llegamos a ciertos acuerdos y pues no cumplieron con nada. A la hora de ir con Luciana y decirle: ‘oye, qué pasó con las minutas’, me respondió: ¿cuáles minutas?’.

“Otra: la CNDH hoy en día dice: ‘no, es que Sedena ya cumplió contigo’. ‘¿Cuándo cumplió conmigo?’ ‘En abril’ Entonces qué de lógico tiene que en junio, no en abril, hayas mandado un comunicado de prensa exhortándolos a que cumplan con los compromisos que se hicieron ante tu presencia”, reclama. 

Kábata se refiere a un comunicado en el que la presidenta de la comisión, Rosario Piedra Ibarra, exhorta al secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, a asumir plenamente el cumplimiento de la recomendación 38VG/2020, y los compromisos contraídos, para que cesen los abusos, agresiones, provocaciones y actos de molestia cometidos contra el agraviado y su núcleo familiar.  

Gómez Garza ahora es oficial mayor de la CNDH. Foto: Especial.

En dicha recomendación, la CNDH reconoce los crímenes que sufrieron Óscar y Víctor. Este último, recuerda Kábata, fue asesinado de un tiro cuando le dio un paro cardiorrespiratorio a causa de la tortura. 

En “Los torturadores están en la playa”, EMEEQUIS publicó la historia de Óscar Kábata y la impune jubilación del general Felipe de Jesús Espitia, encargado del Operativo Conjunto Chihuahua, que al inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador ocupó el cargo de coordinador de asesores en el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas con un sueldo de 115 mil pesos. 

Óscar era un adolescente de apenas 17 años, cuando fue la noche del 2 de marzo de 2009 a comprar un hotdog con su amigo Víctor Baca, en Ciudad Juárez. De pronto elementos militares comisionados al Operativo Coordinado Chihuahua, al mando del general Felipe de Jesús Espitia Hernández, los detuvieron y torturaron en sus instalaciones de esa ciudad.  

Durante cinco días, ambos fueron torturados en las Instalaciones del Ejército. En ese infierno, Óscar reconoció el rostro del general Felipe de Jesús Espitia Hernández. Él, al mando de los torturadores, fue quien le dijo que era inocente, que se habían equivocado, pero que, si quería seguir con vida, se tenía que ir de la ciudad, desaparecer, y lo que sucedió ahí no contarlo con nadie. 

 Óscar Kábata es víctima de tortura. Foto: Especial. 

LO ACUSAN DE “RETENER” A FUNCIONARIA

Aunque dice no tener conocimiento que el caso se haya judicializado, el día que fue agredido por personal de CNDH, Óscar fue acusado de “intento de secuestro” de una funcionaria. 

“En la noche le hablaron a la policía. Tengo unos videos donde se ven aproximadamente unos 60 policías porque Luciana Montaño Pomposo, la de seguimiento de la CNDH, que es la tercera al mando, estaba gritando que la teníamos secuestrada, porque tenía cerrada la CNDH con cadenas”. 

Antes, afirmó que tres personas externas a la comisión acudieron a las instalaciones y, cuando querían salir, quitó el candado de la entrada principal, que es parte de su manifestación, pero que el personal del organismo no les abría la puerta y les decía que Kábata los tenía secuestrados. 

“Yo les dije: ‘mira, no; yo ya te abrí y CNDH es la que no te quiere dejar salir’. Entonces uno de los muchachos vio eso y agarró un extintor y empezó a golpear la puerta, y vieron los de CNDH que yo estaba grabando eso y les dijeron: ‘no, no, vengan jóvenes’, y los sacaron por la puerta trasera”. La misma por la que, afirmó, salen los funcionarios de primer nivel y donde ocurrió la agresión reconocida por la comisión.   

Claudia Sheinbaum Pardo, jefa de gobierno de la capital, y Rosario Piedra Ibarra, presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en un acto el 2 de octubre pasado. Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro.com.

“Entonces cuando Luciana estaba gritando eso en la noche, que la teníamos secuestrada, el caso es que llegaron los Antimotines y un desmadre de policías que estaban empujando a una compañera, y pues también me puse al brinco, y Luciana Montaño aferrada a que nos detuvieran”, añadió.  

Por cómo se ponía la situación, unos agentes le dijeron que quitara los candados, porque la funcionaria de la CNDH lo estaba acusando directamente de secuestro y el comandante del operativo iba dispuesto a llevarlo. “Ábrele, para que vean que tienes buena voluntad”, le dijo, y Kábata accedió. 

Él, dice, pedía que salieran por la puerta trasera, la que él denomina “secreta”, por la que sale la presidenta y la plana mayor de funcionarios.  

“Todo eso pasó en un día: me golpearon por la mañana y me acusaron de secuestro en la noche (…) pero no puede decir que están secuestrado cuando tienes (atrás) una puerta abierta”, acusó.  

@axelchl 



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