Antonio Oseguera Cervantes, alias “Tony Montana”, cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y hermano del difunto “El Mencho”, se declaró culpable ante una corte federal de Estados Unidos por los delitos de narcotráfico internacional y posesión de armas de fuego. Tras haber sido extraditado en febrero de 2025, el Departamento de Justicia de EE. UU. sostiene que el capo operó durante más de dos décadas en el tráfico masivo de cocaína y metanfetaminas, pasando del Cártel del Milenio a asumir roles clave en el CJNG como la compra de precursores químicos, la gestión de laboratorios y el blanqueo de capitales. La sentencia definitiva fue programada para el 13 de noviembre de 2026, fecha en la que un juez federal determinará su condena, la cual podría ir desde un mínimo obligatorio de 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas consecutivas.
Las drogas y su efecto mariposa
¿Qué hacer en el caso mexicano? En primer lugar, reconocerlo, es absurda la política del avestruz que impera en las áreas de seguridad, quizá poco animadas en confrontarse con la visión que impera en Palacio Nacional
Antonio Oseguera Cervantes, alias “Tony Montana”, cofundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y hermano del difunto “El Mencho”, se declaró culpable ante una corte federal de Estados Unidos por los delitos de narcotráfico internacional y posesión de armas de fuego. Tras haber sido extraditado en febrero de 2025, el Departamento de Justicia de EE. UU. sostiene que el capo operó durante más de dos décadas en el tráfico masivo de cocaína y metanfetaminas, pasando del Cártel del Milenio a asumir roles clave en el CJNG como la compra de precursores químicos, la gestión de laboratorios y el blanqueo de capitales. La sentencia definitiva fue programada para el 13 de noviembre de 2026, fecha en la que un juez federal determinará su condena, la cual podría ir desde un mínimo obligatorio de 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas consecutivas.
EMEEQUIS.- El Informe Mundial sobre Drogas 2024 que elabora la Oficina de Drogas y Delitos de las Naciones Unidas, dio a conocer que México, junto con Afganistán y Myanmar es donde mayores drogas sintéticas se fabrican.
Un listado de países que da cuenta de la complejidad del fenómeno criminal, de las piezas que lo integran, y que están engarzadas a nivel global.
Por ejemplo, el desplome en la producción de opio en territorio afgano está propiciando la emergencia de nuevos opioides sintéticos que, como los nitacenos, pueden llegar a ser más potentes que el fentanilo.
Desde hace décadas ya se pronosticaba que el desafío más importante provendría de las drogas de diseño que, aunado a la resiliencia e innovación de los delincuentes, aumentaría la presión sobre la justicia, las policías y que inclusive podría afectar a la estabilidad de los gobiernos.
Lo que era una hipótesis es ya una realidad y requiere que se actúe en consecuencia.
El tráfico de cocaína tiene un nuevo empuje que es el que explica la violencia en Ecuador, ligada a grupos delictivos locales, pero que forman parte de estructuras trasnacionales en las que participan cárteles poderosos como el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación.
Los investigadores achacan a las debilidades en el Estado de Derecho y la gobernanza que esto sea así.
Es un diagnóstico crudo, pero a la vez ponderado, porque se establecen las medidas que se pueden implementar para atacar un problema que tiene carácter internacional.
¿Qué hacer en el caso mexicano? En primer lugar, reconocerlo, es absurda la política del avestruz que impera en las áreas de seguridad, quizá poco animadas en confrontarse con la visión que impera en Palacio Nacional, lo que se ejemplifica en la tardanza en aceptar que hay regiones, como Sinaloa, donde se fabrica el fentanilo y que ello responde a una red criminal cuyas conexiones llegan hasta China.
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De acuerdo con el informe, “hay que comprender mejor el impacto de la delincuencia en la gobernabilidad y el Estado de Derecho, el desarrollo socioeconómico, el medio ambiente y los derechos humanos, para reconocer la amenaza generalizada que esto supone”.
Uno de los males que provienen de estructuras legales debilitadas es que los esfuerzos para contrarrestar los avances criminales suelen centrarse en actores de bajo nivel que son sustituidos de inmediato, de ahí que convenga elevar la mira y accionar contra los jefes, quienes son claves en lo que respecta al tráfico de drogas.
En ese escenario, se requerirá de coordinación internacional y de elevados estándares de justicia, los que indican que no es el mejor momento para empeñarse en cambios dudosos en el sistema de seguridad, cuando la evidencia indica que lo que hay que fortalecer es precisamente la profesionalización y el acceso a herramientas tecnológicas y científicas para combatir al crimen.
El que México sea comparado con Afganistán y Myanmar en lo que respecta a la producción de drogas sintéticas, es una advertencia que tendría que servir para desarrollar estrategias con posibilidades de brindar éxitos y no de comprometer aún más la situación.
Es evidente que los entornos y realidades políticas de esas tres naciones no tienen nada que ver, pero no deja de ser sintomático, de que algo no está nada bien, que existan convergencias en cuanto a las actividades de los bandidos y la ausencia de respuestas eficaces.
La propaganda que trata de persuadir sobre una mejora, vistos los análisis y los informes, no tiene el alcance que se pregona o, inclusive, es contraria a los propios intereses del Estado, aunque ello no se calibre de la manera adecuada, para no contrariar un relato que condena al pasado, pero no atiende al presente.
Además, es probable que ocurra el cambio político en Estados Unidos y que la llegada de Donald Trump complique la coordinación adecuada, de ahí que sean necesario voltear hacia el sur del continente, pero también a la comunidad europea para fortalecer y crear proyecto de largo aliento.
@emeequis

