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Chilpancingo y sus Kaibiles

El homicidio de Alejandro Arcos Catalán, lamentable y terrible, debe ser analizado en el contexto de disputas de bandas criminales por el control de los ayuntamientos.

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08 DE OCTUBRE DE 2024
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Hace 10 minutos

El asesinato es un aviso, por supuesto, y a la vez una amenaza para la sociedad y su clase política. Análisis de Julián Andrade.

CONFIDENTE EMEEQUIS

EMEEQUIS.– El asesinato y decapitación del alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos Catalán, es una señal ominosa y puede ser el preludio de un recrudecimiento de la violencia en una ciudad que se encuentra bajo control de los criminales, pero al mismo tiempo expuesta a sus pleitos y diferencias. 

Es un aviso, por supuesto, y a la vez una amenaza para la sociedad y su clase política. 

El homicidio de Arcos Catalán, lamentable y terrible, debe ser analizado en el contexto de disputas de bandas criminales por el control de los ayuntamientos.

Ese es uno de los factores de riesgo más persistentes en el ámbito electoral, y que se traduce en violencia contra aspirantes o en su captura cuando ya gobiernan.

Arcos Catalán llegó a la presidencia municipal por la alianza del PAN, PRI y PRD. 

Formado en el grupo del exgobernador Ángel Aguirre, Arcos Catalán se reivindicaba como perredista, organización de la que fungió como presidente estatal y por la cual alcanzó una diputación local. 

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A la toma de posesión de la alcaldía, realizada el 30 de septiembre, acudieron como invitados el exgobernador Rubén Figueroa y el obispo emérito, Salvador Rangel, un decidido y convencido impulsor del diálogo con los jefes del crimen organizado para en teoría lograr una tregua y construir un escenario de paz. 

La muerte rondaba a Arcos Catalán y a su equipo. El 27 de septiembre asesinaron al capitán y ex mando de la policía estatal Ulises Hernández Martínez, quien se encaminaba a fungir como jefe de seguridad en el municipio. 

El jueves 3 de octubre mataron al secretario general Francisco Tapia Gutiérrez.  

Y tres días después, el propio Arcos Catalán, quien el día de su muerte estuvo trabajando con afectados del paso de John, inclusive agradeció la ayuda prestada por el Ejército y la Marina Armada para hacer frente a las múltiples necesidades luego del paso de la tormenta. 

Si bien las amenazas aumentaban, en su primer mensaje como presidente municipal, Arcos Catalán señaló que “la seguridad requiere el compromiso de todas y todos (…), les pido, con el corazón en mi mano: ayúdenme a luchar y construir la paz, la paz que todos necesitamos, trabajemos por este objetivo colectivo”.

Chilpancingo es una zona de alto riesgo. La presidenta municipal saliente, Norma Otilia Hernández, dejó un desastre y sucumbió en sus relaciones con grupos criminales. 

La grabaron, dicharachera y feliz, con Celso Ortega, el líder de Los Ardillos.

Permaneció en el cargo y de Morena sólo la expulsaron recientemente. Es más, inclusive se presentó al VII Congreso Nacional Extraordinario de su partido, realizado en el WTC de la Ciudad de México y le tuvieron que pedir que se retirara del lugar.

De algún modo, lo que está ocurriendo recuerda el ecosistema podrido que imperaba en Iguala antes de la noche en que desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa. 

En aquellos días ya se tenía evidencia de las redes e implicaciones criminales del alcalde y no se hizo nada al respecto, hasta que ya fue muy tarde. 

La ex alcaldesa de la capital de Guerrero debió ser destituida desde que se conocieron sus ligas con los delincuentes, pero se optó por dejar pasar el asunto.

Hace años, en 2006, dejaron una cabeza humana en las puertas de la alcaldía de Acapulco. Nadie lo sabía, en ese momento, pero era el arranque de una fuerte disputa entre Los Zetas contra Los Pelones, uno de los brazos armados del cártel de Sinaloa. 

Gobernaba el municipio, en aquellos días, Félix Salgado.

El procedimiento de decapitación recuerda a los kaibiles guatemaltecos, un grupo de élite que así infundía terror entre la población. 

Varios jubilados o expulsados del Ejército de Guatemala colaboran con grupos delincuenciales desde hace décadas y, en todo caso, han dejado una escuela por demás tenebrosa. 

Más allá de quienes son los maestros de escena, lo evidente es que la guerra se recrudecerá. 

@jandradej



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